todas las virtudes. Hasta en tanto que la mortificación no te queme bien, tanto el alma como el
cuerpo, hasta deshacerlo, no podré sellar perfectamente en ti la marca de mi crucifixión”.
(3) Después de esto, no sé decir bien quién fuese, pero me parecía que fuese un ángel, me
ha traspasado las manos y los pies, y Jesús con una lanza que salía de su corazón, me ha
traspasado el mío con extremo dolor y ha desaparecido dejándome más afligida que antes. ¡Oh,
cómo comprendía bien la necesidad de la mortificación, mi inseparable amiga, y que en mí no
existía ni siquiera la sombra de amistad con ella! ¡Ah! Señor, átame Tú con indisoluble amistad
a esta buena amiga, porque por mí no sé mostrarme más que toda rudeza, y ella no viéndose
acogida por mí con buena cara, usa conmigo todas las consideraciones, me va rehuyendo
siempre, temiendo que le vaya a voltear la espalda del todo, y jamás cumple conmigo su bello y
majestuoso trabajo, porque debido a que estamos un poco lejanos, sus manos prodigiosas no
llegan hasta mí para poderme trabajar y presentarme ante Ti como obra digna de sus santísimas
manos.
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3-38
Febrero 16, 1900
La mortificación debe ser el respiro del alma.
(1) Continúa casi siempre lo mismo. Esta mañana, después de haberme renovado las penas
de la crucifixión me ha dicho:
(2) “La mortificación debe ser el respiro del alma. Así como al cuerpo le es necesaria la
respiración, y del aire bueno o malo que se respira así queda infectado o purificado, también por
la respiración se conoce si está sano o enfermo el interior del hombre, si todas las partes vitales
están de acuerdo, así el alma: si respira el aire de la mortificación, todo estará en ella purificado,
todos sus sentidos sonarán con un mismo sonido concordante, su interior exhalará un respiro
balsámico, saludable, fortificante; pero si no respira el aire de la mortificación todo será
discordante en el alma, exhalará un respiro maloliente y nauseante; mientras está por domar
una pasión, otra se desenfrena. En suma, su vida no será otra cosa que un juego de niños”.
(3) Me parecía ver a la mortificación como un instrumento musical, en el cual, si todas las
cuerdas están buenas y fuertes, produce un sonido armonioso y agradable, pero si las cuerdas
no son buenas, ahora hay que reparar una, ahora hay que afinar otra, por lo que todo el tiempo
lo emplea en ajustarlo, pero jamás en tocarlo, a lo más podrá emitir un sonido discordante y
desagradable, por eso jamás hará nada de bueno.
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3-39
Febrero 19, 1900
Amenaza de castigos.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha transportado fuera de mí misma, veía
mucha gente, toda en movimiento, me parecía, pero no estoy segura, como una guerra, o bien
una revolución, y a Nuestro Señor no hacían más que tejerle coronas de espinas, tanto que
mientras yo estaba toda atenta a quitarle una, otra más dolorosa le ponían. ¡Ah, sí, parece que
nuestro siglo será célebre por la soberbia! La más grande desventura es el perder la cabeza,
porque habiendo perdido la cabeza con el cerebro, todos los otros miembros se vuelven
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