(4) “Hija mía, ¿y a Mí me quieres poner a un lado? ¿No sabes tú que Yo tenía una voluntad
humana, la cual no tuvo ni siquiera un respiro de vida, cediendo en todo el puesto a mi Voluntad
Divina? Así que la tenía para tenerla sacrificada, a fin de que la Voluntad Divina extendiese en
mi querer humano toda la extensión de su reino, ¿y tú has olvidado que tu querer humano lo
tienes sacrificado a fin de que no tenga jamás vida, y que mi Voluntad Divina tiene a tu voluntad
como escabel a sus pies a fin de que sobre de ella extienda mi reino? Ahora, tú debes saber
que en medio a la voluntad de la Madre Celestial y a la tuya, está mi voluntad humana que hace
de primera, y sostiene a la una y a la otra, a fin de que fuesen constantes en el sacrificio de no
dar jamás vida al querer humano, a fin de que el reino de mi Voluntad Divina se extendiese sobre
de las tres voluntades, para tener la triple gloria a nuestra potencia, sabiduría y amor, y la triple
reparación de las tres potencias del hombre, que concurrieron las tres a sustraerse del gran bien
de nuestra Voluntad Divina. Y si la Soberana del Cielo fue agraciada en virtud de los méritos
del futuro Redentor, tú fuiste agraciada en virtud del Redentor ya venido, y como los milenios
son para Mí como un punto solo, desde entonces pensé en todo y sostenía las tres voluntades
sobre las cuales debía triunfar mi eterno Querer, por eso te digo siempre, sé atenta y sabe que
tienes dos voluntades que sostienen la tuya, la de la Mamá Celestial y la de tu Jesús, que
fortifican la debilidad de tu querer, a fin de que resista a tenerse sacrificado por una causa tan
santa y por el triunfo del reino de mi Fiat”.
(5) Ahora, mientras mi mente hacía presente la Concepción de la Soberana Señora, yo decía
entre mí: “Inmaculada Reina, esta pequeña hija del Querer Divino viene a postrarse a tus pies
para festejar tu Concepción y darte los honores de Reina, y junto conmigo llamo a toda la
Creación a hacerte corona, a los ángeles, a los santos, al cielo, a las estrellas, al sol y a todos a
reconocerte por nuestra Reina y honrar y amar tu nobleza, y a declararnos todos súbditos tuyos,
¿no ves oh Madre y Reina Celestial cómo todas las cosas creadas corren en torno a Ti para
decirte: ‘Te saludamos Reina nuestra, finalmente después de tantos siglos hemos tenido a
nuestra Emperatriz’. Y el sol te saluda Reina de la luz, el cielo Reina de la inmensidad y de las
estrellas, el viento Reina del imperio, el mar Reina de la pureza, fuerza y justicia, la tierra te
saluda Reina de las flores, todos en coro te saludan: Eres la bienvenida, nuestra Reina, Tú
serás nuestra sonrisa, nuestra gloria, nuestra felicidad, de ahora en adelante todos estaremos
atentos a tus ordenes”. Pero mientras esto decía pensaba entre mí (ciertamente es una de mis
tonterías): “Yo festejo a mi Mamá Celestial, ¿y Ella no se da ningún pensamiento de festejar a
la pequeña hija del Querer Divino? Yo no quisiera otra cosa, que la fiesta que me hiciera fuera
tenerme en su regazo como pequeña niña para darme el aire, el respiro, el alimento, la Vida de
la Divina Voluntad”. Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en
mi interior y me ha dicho:
(6) “Hija pequeña de mi Querer, a quien vive en mi Fiat Divino la festejamos y es la fiesta de
todos; ¿quieres saber por qué tú festejas desde su Concepción el estado de Reina de mi Mamá?
Porque su vida la comenzó en la Voluntad Divina, y Ella te hace presente su estado glorioso de
Reina y te la hace festejar con todas las cosas creadas, como fue festejada en su Concepción,
las fiestas iniciadas en el Fiat son perennes, no terminan jamás, y quien vive en la Voluntad
Divina las encuentra presentes y festeja junto, y si bien la pequeña Reina del Cielo desde su
Concepción advertía que todos la reverenciaban, le sonreían, la suspiraban, era la estimada de
todos, pero no sabía el misterio desde el principio, que debía ser mi Madre, de Aquél que Ella
misma suspiraba, lo supo cuando el ángel lo anunció, sólo sabía que la realeza, el imperio y
tantas demostraciones de respetos, le venían porque en Ella reinaba mi Divina Voluntad. Ahora,
tú debes saber que así como tú festejas a mi Mamá, la Mamá festeja a la hija, a la recién nacida
de aquel Fiat que Ella amó tanto, que lo tuvo por vida, y festeja en ti lo que tú misma no conoces
por ahora, pero lo conocerás después, ¿no sabes tú que Ella suspira por las pequeñas reinas,
que son las pequeñas hijas de mi Querer para hacerles la fiesta que Ella recibe?
+ + + +