interminable, y el alma para entrar en mi Querer Divino debe ponerse a los reflejos de su luz,
esto es, en cuanto quiere hacer sus actos en mi Querer, se pone ante sus reflejos, los cuales
tienen virtud de cambiar en luz los actos del alma, y mi Voluntad cumple un prodigio, invistiendo
cada uno de los rayos de ella, quién los latidos, quién los pensamientos, quién las palabras, en
cada rayo suyo contiene la corona de todos los actos de la criatura, y como mi Fiat abraza todo
y a todos, Cielo y tierra, así hace tocar a todos y da a todos, los actos de la criatura que se hacen
en Ella; si se pudiese ver por todos las maravillas del vivir y el obrar en mi Querer, verían la
escena más bella, encantadora y raptora, y la que más hace el bien y que lleva el beso de la
vida, de la luz, de la gloria”.
(5) Después, con voz tierna y conmovedora, con un énfasis más fuerte de amor ha agregado:
(6) “¡Oh Voluntad Divina, cómo eres potente! Tú sola eres la transformadora de la criatura en
Dios. ¡Oh Voluntad mía, Tú sola eres la destructora de todos los males y la productora de todos
los bienes! ¡Oh Voluntad mía, Tú sola posees la fuerza raptora, y quien se hace raptar por Ti se
vuelve luz, quien por Ti se hace dominar es la más afortunada del Cielo y de la tierra, es la más
amada por Dios, es aquélla que todo recibe y todo da”.
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24-29
Julio 19, 1928
Cómo en la Creación concurrieron tres actos por parte de Dios, y cómo
se necesitan tres voluntades sacrificadas para el reino de la Divina
Voluntad. Quien vive en Ella la festejan y es la fiesta de todos.
(1) Estaba haciendo mi acostumbrado giro en el Querer Divino, y habiendo llegado al
momento cuando la Celestial Reina fue concebida, y tuvo el uso de razón e hizo el heroico
sacrificio de ofrecer su voluntad a su Dios, sin quererla conocer jamás para vivir sólo de Voluntad
de Dios, pensaba entre mí: “Cómo quisiera que mi Mamá Celestial tomase mi voluntad, la uniese
con la suya y de ella hiciera don a la Majestad Suprema, a fin de que también yo no conociera
la mía, para vivir sólo de Voluntad de Dios”. Mientras esto pensaba, mi amado Jesús se ha
movido en mi interior y con una luz, más que relámpago me ha dicho:
(2) “Hija mía, en la Creación concurrieron tres actos por parte de la Trinidad, que fueron la
potencia, la sabiduría, el amor, y todas nuestras obras están siempre acompañadas por estos
tres actos, porque siendo perfecto nuestro obrar, son ejecutadas con suma potencia, con
sabiduría infinita y con amor perfecto, comunicando tres inmensos bienes en la obra que
hacemos, como en efecto dimos al hombre el gran bien de la inteligencia, memoria y voluntad.
Ahora, para venir el reino de mi Divina Voluntad, son necesarias tres voluntades sacrificadas en
holocausto a la Divinidad, que no teniendo vida propia den lugar a la mía para hacerla reinar y
dominar libremente para poder tomar su puesto regio en todos los actos humanos, cual le
conviene, porque así estaba establecido por Nosotros desde el principio de la creación del
hombre, que ingrato dio el puesto a su querer humano y lo hizo perder a la mía. Delante a
Nosotros no hay sacrificio mayor de una voluntad humana, que mientras tiene la vida no la
ejercita, para dar vida libre a mi Fiat, pero con gran ganancia del alma, porque da una voluntad
humana y por ello recibe una Divina, da una voluntad finita y limitada, y recibe a cambio una
infinita y sin límite”.
(3) Ahora, mientras Jesús decía esto, pensaba entre mí: “La primera fue ciertamente la Reina
del Cielo, que hizo el heroico sacrificio de no dar vida a su voluntad, y las otras dos voluntades,
¿quiénes serán?” Y Jesús ha agregado:
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