Divina pondrá todas las cosas en su lugar y quitará la infelicidad que ha producido el querer
humano, que con su baba venenosa sabe amargar y enturbiar todo. ¡Cómo es bello el ver a
todos felices! Qué consuelo para un padre el tener y ver la corona de sus hijos, todos felices,
ricos, sanos, bellos, siempre sonrientes, jamás llorando, ¡oh! cómo goza y se siente nadar en su
felicidad y la de sus hijos; más que padre soy Yo, que siento en Mí la felicidad de mis hijos,
porque esa felicidad es cosa mía y puede entrar en Mí, mientras que la infelicidad es cosa
extraña a Mí, que no me pertenece y no tiene el camino para entrar en Mí, siento el dolor de
verla, pero no de sentirla, y como padre amo y quiero que todos sean felices”.
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24-28
Julio 14, 1928
Cómo quien vive en el Querer Divino forma sus pequeños mares en Dios mismo. La
Voluntad Divina es luz y va encontrando luz, y cómo todos los males se esfuman
delante de su luz. Prodigio del Fiat.
(1) Me siento toda en el Fiat Divino, y mi adorable Jesús me hacía ver ante mi mente un mar
interminable de luz, y dentro de este mar se veían tantos otros pequeños mares, pequeños ríos
formados en el mismo mar, era bello, deleitable, encantador, el ver repetidamente formados en
el mar divino estos pequeños marecitos, cuál más pequeño, cuál más grandecito, me parecía
como cuando nosotros nos encontramos en el mar y arrojándonos en él, el agua se abre y
haciéndose cerco a nuestro alrededor, nos da el lugar para podernos estar en el mar, de modo
que se ven en él tantas personas que no son mares, porque el mar no tiene virtud de convertirnos
en agua, mientras que nuestro Dios tiene virtud de convertirnos en su misma luz, pero a pesar
de esto se ve que una voluntad humana ha ido a arrojarse en el mar divino para tomar en él su
puesto, y según el mucho o el poco obrar forma el pequeño o el más grande marecillo en el mar
divino. Ahora, mientras me deleitaba en ver una escena tan bella y raptora, mi dulce Jesús me
ha dicho:
(2) “Hija mía, estos pequeños marecitos y ríos que tú ves en el mar eterno de la Majestad
Divina, son de aquellos que obran en la Voluntad Divina. El Creador da y hace lugar en su
mismo mar a aquellos que quieren vivir en el Fiat, los admite en su casa y ahí hace que formen
sus propiedades, y mientras las forman, gozan de todos los bienes del mar interminable del Ente
Supremo, el cual da amplia libertad a estos sus hijos de ensanchar sus marecitos en su mar por
cuanto más puedan. En este mar están los mares de mi Humanidad y los de la Soberana del
Cielo, como también estarán aquellos de quienes vivan en mi Querer, ningún acto de ellos será
hecho fuera del mar divino, y ésta será la más grande gloria de Dios y el más grande honor para
los hijos de mi Fiat Divino”.
(3) Después de esto, estando más que nunca inmersa en el Querer Divino, estaba ofreciendo
todo mi ser y todos mis actos en Él, ¡oh! cómo habría querido que ni siquiera un pensamiento,
una palabra, un latido, huyera de la luz del Fiat, es más, habría querido hacer corona sobre
todos los actos de las criaturas, alinearme sobre cada acto humano para investir todo y a todos
con su luz, a fin de que una fuera la palabra, uno el latido: ‘Voluntad Divina’. Pero mientras mi
mente se perdía en Ella, mi dulce Jesús haciéndose ver me ha estrechado fuertemente entre
sus brazos, después ha puesto su rostro santísimo sobre mi corazón, lo soplaba fuerte y yo no
sé decir qué cosa sentía, y luego me ha dicho:
(4) “Hija de mi Voluntad Divina, mi Fiat es luz, y nada puede entrar en Él, ni siquiera la sombra
o un átomo que no sea luz, las tinieblas no encuentran el camino, se extravían ante su luz