hizo, por eso se ve un solo sol y no más. Pero lo que no hizo el sol lo hizo la Soberana Reina y
lo hace quien obra en mi Voluntad, por cuantos actos, tantos soles, y estos soles fundidos juntos,
pero distintos entre ellos por la belleza, por luz, por gloria que dan a su Creador y por el bien
universal que hacen descender sobre todas las criaturas; estos actos tienen una Potencia divina,
y en virtud de estos actos la Virgen Santísima pudo obtener la venida del Verbo a la tierra, y en
virtud de ellos vendrá mi reino a la tierra. Un acto repetido incesantemente en mi Fiat tiene virtud
conquistadora, raptora y encantadora hacia nuestra Divinidad, ese repetir siempre en el Querer
Divino es la fuerza del alma, el arma invencible que debilita con armas de amor a su Creador y
lo vence, y se siente honrado con hacerse vencer por la criatura”.
(3) Después de esto estaba siguiendo mi giro en el Fiat Divino, y siguiendo a Jesús cuando
tomó el camino del desierto pensaba entre mí: “¿Y por qué Jesús tomó el camino del desierto?
Aquí no había almas que convertir, sino soledad profunda, mientras que eran almas lo que Él
buscaba”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, la compañía rompe la pena y la disminuye, en cambio el aislamiento la
concentra, la duplica y la recrudece, y Yo quise ir solo al desierto para sentir en mi Humanidad
toda la crudeza del aislamiento que había sufrido mi Divina Voluntad por tantos siglos por parte
de las criaturas. Mi Humanidad debía ascender en el orden divino y descender en el orden
humano para poder encerrar las penas del uno y del otro, y tomando Yo toda la parte penosa
que dividía al hombre y a Dios, hacerlos entrar de nuevo al abrazo, al beso de su Creador. Pero
no fue sólo esta la finalidad de mi ida al desierto, tú debes saber que nuestra Majestad adorable
al formar la Creación, establecía que todo debía estar poblado de habitantes, la tierra debía ser
fertilísima, rica de abundantes plantas, de modo que todos debían abundar de sus bienes. En
cuanto pecó el hombre, se atrajo la indignación de la Justicia divina, y la tierra permaneció
desértica, infecunda, y en muchos lugares despoblada, imagen de aquellas familias estériles
donde no hay sonrisas, ni fiestas, ni armonía, porque sin prole no hay quien rompa la monotonía
de dos cónyuges, y sobre su animo pesa la opresión del aislamiento que les lleva la tristeza, en
cambio donde hay prole hay siempre qué hacer, qué decir y ocasión de festejar, tal fue la familia
humana. Mira cómo el cielo está poblado de estrellas, la tierra debía ser el eco del cielo, llena
de habitantes y debía producir tanto, de volverlos ricos y felices a todos. Entonces, en cuanto
el hombre se sustrajo de mi Voluntad cambió su suerte, y Yo quise ir al desierto para volver a
llamar las bendiciones de mi Padre Celestial, y volviendo a llamar a mi Voluntad a reinar,
restablecer la tierra, poblarla en todas partes y fecundarla, de modo que la tierra producirá otras
semillas más bellas para volverla centuplicada, más fecunda y de belleza deslumbrante.
¡Cuántas cosas grandes hará el reino de mi Fiat Divino, tanto, que todos los elementos están a
la espera, el sol, el viento, el mar, la tierra y toda la Creación, para poner fuera de su seno todos
los bienes y efectos que contienen, porque no reinando en medio de las criaturas aquella Divina
Voluntad que domina en ellos, no ponen fuera todos los bienes que encierran en ellos, dándoles
sólo lo que les conviene a título de limosna y de siervos, así que la tierra no ha producido todos
los gérmenes, el sol, no encontrando todos los gérmenes, no produce todos los efectos y bienes
que posee, y así de todo lo demás, por eso todos esperan el reino del Fiat, para hacer ver a
éstos cuan ricos son y cuántas cosas admirables ha puesto en ellos su Creador por amor de
aquellos que debían ser los hijos de su Querer”.
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