3-35
Febrero 5, 1900
(1) Continuando el mismo estado, con un poco más de ánimo, aunque no perfectamente libre,
mi amadísimo Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, a veces el alma siente una lucha en alguna virtud, y el alma esforzándose supera
aquel combate; entonces la virtud queda más resplandeciente y más radicada en el alma. Pero
el alma debe estar atenta para evitar que ella misma no suministre la cuerda para hacerse atar
por la desconfianza, y esto lo hará al restringirse siempre, sin salir jamás, en el círculo de la
verdad, que es el conocimiento de la propia nada”.
+ + + +
3-36
Febrero 12, 1900
Los defectos voluntarios forman nubes.
(1) Encontrándome en un estado de abandono por parte de mi adorable Jesús, a mi pobre
corazón me lo sentía, por el dolor, exprimir como bajo una prensa. ¡Oh Dios, qué pena
inenarrable! Mientras me encontraba en este estado, casi como sombra he visto a mi amado
Bien, pero no claramente, sólo he visto claramente una mano que me parecía que llevaba una
lámpara encendida, y mojaba el dedo en el aceite de la lámpara y me ungía la parte del corazón,
exacerbada a lo sumo por el dolor de su privación. En este momento he oído una voz que decía:
(2) “La verdad es luz, que llevó el Verbo a la tierra. Así como el sol ilumina, vivifica y fecunda
la tierra, así la luz de la verdad da vida, luz, y vuelve fecundas de virtud a las almas. Si bien
muchas nubes, las cuales son las iniquidades de los hombres, ofuscan esta luz de verdad, pero
a pesar de esto no deja, desde atrás de las nubes, de mandar destellos de luz vivificante, y así
calentar a las almas, y si estas nubes son nubes de imperfecciones y de defectos involuntarios,
esta luz, desgarrándolas con su calor las disipa y libremente se introduce en el alma”.
(3) Entonces comprendía que el alma debe estar atenta a no caer en la sombra del defecto
voluntario, porque estos son aquellas nubes peligrosas que impiden la entrada a la luz divina.
+ + + +
3-37
Febrero 13, 1900
La mortificación es como la cal.
(1) Esta mañana después de haber recibido la comunión he visto a mi adorable Jesús, pero
todo cambiado de aspecto. Me parecía serio, todo reservado, en acto de reprenderme. ¡Qué
desgarrador cambio! Mi pobre corazón, en vez de ser aliviado, me lo sentía más oprimido, más
traspasado ante el aspecto tan insólito de Jesús. Sin embargo sentía toda la necesidad de un
alivio por las penas sufridas en los pasados días por su privación, en que me parecía que vivía,
pero agonizante y en continua violencia. Pero Jesús bendito, queriendo reprenderme porque iba
buscando alivio debido a su presencia, mientras que no debía buscar otra cosa que sufrir, me
ha dicho:
(2) “Así como la cal tiene virtud de quemar los objetos que se meten en ella, así la mortificación
tiene virtud de quemar todas las imperfecciones y los defectos que se encuentran en el alma, y
llega a tanto, que espiritualiza aun el cuerpo, y como un cerco se pone alrededor, y ahí sella
151 sig