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Junio 16, 1928
Ejemplo de un esposo cuando se divide en corte, como
Dios desde el principio de la caída del hombre. El nuevo
compromiso del esponsalicio fue hecho sobre la cruz.
El cumplimiento en la Divina Voluntad.
(1) Estaba pensando en lo que está escrito en el capítulo anterior, y el bendito Jesús ha
continuado diciéndome:
(2) “Hija mía, realmente es verdad que el Ente Supremo en el principio de la Creación tuvo su
esponsalicio con la humanidad, pero sucedió como a un esposo cuando su esposa perversa lo
induce a separarse, pero a pesar de esto; en el esposo queda un afecto en su corazón y piensa
y suspira que si su elegida cambiara, quién sabe si podré reunirme y vincularme con ella con el
lazo de esposos, y por eso frecuentemente le hace llegar al oído por medio de mensajeros, que
él la ama. Así hizo Dios, a pesar de que el esponsalicio con la humanidad fue disuelto en la
corte divina, reservó un afecto y anhelaba, si bien lejano, el nuevo lazo de esposos con la
humanidad; tan es verdad que no destruyó el palacio que con tanta suntuosidad y magnificencia
había formado, ni le quitó el bien del sol que formaba el día, sino todo quedó para que se sirviera
de ello quien lo había ofendido. Es más, mantuvo la correspondencia con escoger desde el
principio del mundo, ahora a uno, ahora a otro de los buenos, los cuales eran como mensajeros,
como tantos carteros que llevaban, quién las cartitas, quién los telegramas, quién los
telefonemas del Cielo, en los cuales venía anunciado que el esposo lejano no se había olvidado;
que los amaba y que quería el regreso de su esposa ingrata. Por eso en el antiguo testamento,
cuanto más multiplicaba los buenos, los patriarcas y los profetas, tanto más apremiantes eran
las invitaciones y el correo que corría entre el Cielo y la tierra, porque Dios expedía noticias que
deseaba la nueva unión. Tan es verdad, que no pudiendo contener más la vehemencia de su
amor y no estando aún dispuesta la humanidad caída, hizo una excepción esposando a la Virgen
Reina y a la Humanidad del Verbo con lazo de verdadero esponsalicio, a fin de que en virtud de
Ellos fuese realzada la caída humanidad y pudiese formar el esponsalicio con la humanidad
entera. Después mi Humanidad formó el nuevo compromiso sobre la cruz con ella, y todo lo
que Yo hice, sufrí, hasta morir sobre la cruz, eran todos preparativos para efectuar el
esponsalicio deseado en el reino de mi Divina Voluntad. Ahora, después del compromiso,
quedan las prendas y los dones para darse, y éstos son los conocimientos sobre mi Fiat Divino,
y en ellos les viene dado el gran don que me rechazó el hombre en el Edén, esto es, el don
eterno, infinito e interminable de mi Querer, cuyo don atraerá tanto a la humanidad caída, que
nos dará la correspondencia con el don de su pobre querer, que será como confirmación y sello
de la unión de los esposos después de tan larga cadena de correspondencia, de fidelidad por
parte de Dios, y de inconstancia, de ingratitud, de frialdad por parte de las criaturas. Así que,
hija mía, el hombre se degradó, perdió todos los bienes porque salió de mi Voluntad Divina;
ahora, para ennoblecerse, para readquirir todo y para recibir la rehabilitación del esponsalicio
con su Creador, debe reentrar de nuevo en el Fiat Divino de donde salió, no hay caminos
intermedios, ni siquiera mi misma Redención es suficiente para hacer regresar al hombre al
principio de la era feliz de su creación; mi Redención es medio, camino, luz, ayuda, pero no fin,
el fin es mi Voluntad, porque Ella fue el principio, y por justicia quien es el principio debe ser el
fin. Así que la humanidad debe ser encerrada en mi Querer Divino para que le sea restituido su
noble origen, su felicidad, y poner de nuevo en vigor el esponsalicio con su Creador. Así que
no basta a nuestro amor el gran bien que hizo al hombre mi Redención, sino que suspira ir más
allá; el verdadero amor no se contenta jamás, sólo está contento cuando puede decir: ‘No tengo
más que darle’. Y conociendo que el hombre me puede regresar feliz, victorioso, glorioso, en el