que late fuertemente, y exultando de alegría me pone los brazos en el cuello y besándome con
tal énfasis de afecto se ha encerrado en mi corazón, como herido por el arrebato de aquel amor
que tuvo en la Creación, y poniéndose en actitud mezclada de fiesta y de dolor, quería ser
espectador de lo que estaba por escribir. Entonces, Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuántos prodigios nuestros concurrieron al crear al hombre, con nuestro aliento
le fue infundida el alma, en la cual nuestra Paterna Bondad le infundía tres soles con los cuales
formaba en ella el perenne y brillante día, no sujeto a ninguna noche. Estos tres soles venían
formados por la potencia del Padre, por la sabiduría del Hijo, por el amor del Espíritu Santo.
Estos tres soles mientras venían formados en el alma, quedaban en comunicación con las Tres
Divinas Personas, de modo que el hombre tenía el camino para subir hasta Nosotros, y Nosotros
teníamos el camino para descender en él. Estos tres soles son las tres potencias: Inteligencia,
memoria y voluntad, que mientras son distintas entre ellas, se dan la mano y llegan a formar una
sola, símbolo de nuestra Trinidad adorable, que mientras somos distintos en las Personas
formamos una sola potencia, un solo intelecto y una única Voluntad. Fue tanto el amor al crear
al hombre, que nuestro amor sólo se contentó cuando le comunicamos nuestra semejanza.
Estos tres soles fueron puestos en el fondo del alma humana, como el sol en el fondo de la
bóveda del cielo, que con su luz tiene en fiesta a la tierra y con sus admirables efectos da vida
a todas las plantas, y a cada una el gusto, la dulzura, el color y la sustancia que le conviene. El
sol en su tácito silencio guía la tierra, enseña a todos, no con las palabras sino con los hechos,
y con tal elocuencia que ningún otro lo puede igualar, y con su luz penetrante se hace vida de
todo lo que produce la tierra. Mira, un sol para toda la tierra, pero para el alma humana nuestro
amor no estuvo contento con uno solo, y como nos encontrábamos en el arrebato de nuestro
amor, de dar y de volver a dar, formamos tres soles, por los cuales debían ser dirigidos,
animados y recibir la vida todos los actos humanos. ¡Qué orden, qué armonía pusimos en
nuestro amado y querido hijo! Ahora hija mía, estos tres soles existen en el hombre, pero se
encuentran en las mismas condiciones como cuando el sol que resplandece en el cielo se
encuentra circundado por densas nubes y no puede llenar la tierra con la viveza de su luz, y si
bien las comunicaciones no están ni interrumpidas ni rotas en virtud de las nubes, sin embargo
los efectos la tierra los recibe con dificultad y no goza todo el bien que le podría hacer el sol, así
que como no recibe toda la vida del sol, está como enferma, sus frutos son insípidos y no
maduros, muchas plantas sin frutos, por lo tanto la tierra está melancólica, sin fiesta, porque las
nubes han impedido que reciba toda la plenitud de la luz del sol para coronarse de gloria y de
honor. Así se encuentra el hombre, todas las cosas están en su lugar, entre Nosotros y él nada
se ha roto ni interrumpido, pero el querer humano ha formado densas nubes, y por eso se ve el
hombre sin la gloria, el orden y la armonía de su creación, y por lo tanto sus obras están sin
frutos, viciadas y sin belleza, sus pasos son vacilantes, se puede decir que es el pobre enfermo
porque no se hace dirigir por los tres soles que posee en su alma. Entonces viniendo a reinar
mi Voluntad, la primera cosa que abatirá será el querer humano, y soplando pondrá en fuga las
nubes, y el hombre se hará dirigir por los tres soles que tiene en el fondo del alma, que poseen
nuestra comunicación, y pronto subirá a nuestro origen y todo será fiesta y gloria para Nosotros
y para él”.
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