de la gracia? ¡Ah no! Ha sido la continuación de todos los actos y oraciones, y si se ve que se
obtiene con aquel último acto es porque se necesitaba un número establecido por Nosotros.
Entonces si tú quieres recibir el reino del Querer Divino, no te detengas, de otra manera, faltando
la larga cadena de los actos que llega hasta el trono de Dios, no obtendrás lo que tú quieres y
Nosotros queremos dar. Los actos son como las horas que forman, o el día o la noche, cada
hora tiene su puesto, algunas forman la tarde, otras la noche, otras el alba, otras el despuntar
del sol, otras el pleno día; y si es la hora de media noche, en vano es querer ver que despunta
el sol, es necesario que al menos venga el alba para anhelar el cercano día, para ver la majestad
del sol, que con su imperio de luz hace huir las tinieblas, y poniendo término a la noche adorna
y hace resurgir toda la naturaleza en su luz y en su calor, plasmando todo con sus benéficos
efectos. Ahora, ¿es tal vez el alba la que tiene todo el honor en hacer despuntar al sol? ¡Ah,
no! Ella ha sido la última hora, pero si las otras no la hubieran precedido jamás hubiera podido
decir el alba: ‘Yo soy aquélla que llamo al día’. Así son los actos, las oraciones, para obtener
que despunte el día del reino de mi Voluntad Divina, son como tantas horas y cada una tiene su
puesto de honor, y se dan la mano entre ellas para llamar al resplandeciente Sol de mi Querer
Divino, el último acto puede ser como el alba, y si éste no se hace, faltará el alba y es inútil
esperar que pronto surja su día de luz sobre la tierra, que plasmando y calentando todo hará
sentir más que sol sus benéficos efectos, su régimen divino, régimen de luz, de amor y de
santidad. Así sucedió en la Redención, por tantos siglos la Redención no vino porque los
patriarcas y los profetas se encontraron con sus actos como en las horas nocturnas, y desde
lejos suspiraban el día; en cuanto vino la Virgen Reina formó el alba, y abrazando juntas todas
las horas nocturnas hizo despuntar el día del Verbo sobre la tierra, y la Redención fue cumplida.
Por eso no te detengas, es tan necesario la serie de los actos, que hay peligro que si no todos
son cumplidos no se obtenga el bien deseado”.
+ + + +
24-16
Mayo 26, 1928
Dios es orden y cuando quiere dar un bien, pone en él su orden
divino en medio a las criaturas. Nuestro Señor al haber formado
el Padre Nuestro, se ponía a la cabeza del reino del Fiat Divino.
(1) Continúo lo que está escrito arriba. Estando pensativa sobre todo lo que respecta al reino
de la Voluntad de Dios, mi siempre amable Jesús ha agregado:
(2) “Hija mía, Dios es orden, y cuando quiere dar un bien a las criaturas, siempre pone en él
su orden divino, y todo lo que se hace para obtener el bien comienza de Dios, poniéndose Él a
la cabeza para tomar el empeño, y ordena a la criatura al mismo fin. Esto lo hice para dar Yo la
Redención y las criaturas para recibirla, y esto estoy haciendo para dar el reino del Fiat Divino y
las criaturas para recibirlo. Con formar Yo mismo el Padre Nuestro me ponía a la cabeza y
tomaba el empeño de dar este reino, y con haberlo enseñado a mis apóstoles ponía el orden en
las criaturas, el cómo poder obtener un bien tan grande; así que toda la Iglesia ruega, no hay
alma que a Ella pertenezca que no recite el Padre Nuestro, y si bien muchos lo recitan sin interés
de querer y pedir un reino tan santo, esto es, que el Querer Divino se haga como en el Cielo así
en la tierra, estando este interés en Aquél que lo enseñó, recitándolo se renueva mi interés y
escucho mi oración que pide: ‘Venga tu reino a fin de que se haga tu Voluntad como en el Cielo
así en la tierra’. Ahora, si la criatura al recitar el Padre Nuestro tuviese este interés de querer y
suspirar mi reino, entraría a tomar parte de mi interés, y su voluntad se fundiría en la mía por el