mismo fin; pero a pesar de que no tenga este interés, mi valor e interés corre siempre en cada
Padre Nuestro. Ve entonces el orden divino, pedir todos una sola cosa. En medio de éstos que
piden están aquellos que quieren hacer mi Voluntad, otros que la hacen, y todo esto viene
entretejido junto y tocan a la puerta de mi Querer Divino, repiten los toquidos y golpean, quién
fuerte, quién quedo, pero siempre hay alguno que toca y pide que se abran las puertas a fin de
que descienda mi Voluntad a reinar sobre la tierra. Y como todo está establecido y ordenado
por la Divinidad, espera a quien debe hacer el toquido más fuerte y que forzando las puertas
con una fuerza invencible, cual es la misma fuerza de mi Voluntad Divina, abrirá de par en par
las puertas, y con sus dulces cadenas de amor atará al Eterno Querer para hacerlo venir a reinar
en medio a las criaturas; ella será como la esposa que entretejiendo a su esposo con sus
cadenas amorosas lo llevará como en triunfo en medio a las criaturas. Y así como la Virgen
Santa puso término a las horas nocturnas de los patriarcas y profetas, y formó el alba para hacer
despuntar el Sol del Verbo Eterno, así ésta formará el alba para hacer despuntar el Sol del Fiat
Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra. ¿Crees tú que mi Voluntad que con tanto amor
se ha hecho conocer y ha manifestado tanto interés de querer venir a reinar sobre la tierra
desahogando contigo su dolor, haya sido sin que ninguno la haya suplicado? ¡Ah, no, no! Han
sido los continuos llamados de mi Iglesia, y en aquellos llamados era propiamente Yo que
llamaba, pero me servía de ellos para tocar a las puertas del Fiat Divino, el cual cansado de oír
llamar a sus puertas divinas, se ha servido de ti para hacerse llamar más fuerte, y abriéndote te
ha dado parte en sus conocimientos; y cuantas verdades te ha hecho conocer, tantos medios te
daba para formar cadenas amorosas para hacerse atar y venir a reinar sobre la tierra, y por
cuantas veces te llama a vivir en su Querer Divino haciéndote conocer sus cualidades, su
potencia, sus alegrías, sus inmensas riquezas, son tantas garantías que te da, que te aseguran
su venida a la tierra, porque en Nosotros hay esta prerrogativa, que si hacemos conocer un bien
nuestro, una verdad, un conocimiento que nos pertenece, es porque queremos hacer de ello
don a la criatura. Ve entonces cuántos dones te ha hecho mi Querer, cuántos conocimientos
suyos te ha hecho conocer, son tales y tantos que tú misma no sabes numerarlos”.
(3) Y yo: “Mi amado Jesús, ¿quién sabe cuando vendrá este reino? Y Él:
(4) “Hija mía, para venir la Redención se necesitaron cuatro mil años, porque el pueblo que
rogaba y suspiraba al futuro Redentor era el más pequeño, de número restringido; en cambio
los que pertenecen a mi Iglesia son más pueblos y de número, ¡oh! cuánto más grande que
aquél, por eso el número abreviará el tiempo, mucho más que la religión se está abriendo camino
dondequiera, lo cual no es otra cosa que la preparación al reino de mi Voluntad Divina”.
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24-17
Mayo 30, 1928
La Creación es el ejército divino, el Fiat la bandera celestial.
Ejemplo del niño y el padre rico. Cómo Jesús quiere pueblos
enteros que rueguen. Quiénes son estos pueblos.
(1) Estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino, y reuniendo a toda la Creación para llevarla
delante de la Majestad Suprema como el más bello homenaje, la adoración más profunda y el
amor más intenso y más grande a Aquél que la había creado, me parecía que no había cosa
más bella que llevar a mi Creador, que la magnificencia y el continuo prodigio de sus mismas
obras. Ahora, mientras esto hacía, mi amado Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, no hay homenaje más bello y digno de nuestra Majestad adorable, que el
ofrecernos nuestras mismas obras; conforme tú giras en la Creación, así reúnes nuestro ejército
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