¿y cuál es este alimento? Es la correspondencia. Así que la gracia y la correspondencia forman
esa cadena que la conduce al Cielo, y a medida que el alma corresponde a la gracia, son
formados los eslabones de esta cadena”.
(3) Después ha agregado: “¿Cuál es el pasaporte para entrar en el reino de la gracia? Es la
humildad. El alma, mirando siempre su nada y descubriendo que no es otra cosa que polvo, que
viento, toda su confianza la pondrá en la gracia, tanto que la hará dueña, y la gracia tomando el
dominio sobre toda el alma, la conduce por el sendero de todas las virtudes y la hace llegar a la
cima de la perfección”.
(4) ¿Qué será el alma sin gracia? Me parecía como el cuerpo sin el alma, que se vuelve
pestilente y se llena de gusanos y podredumbre por todas partes, tanto que se hace objeto de
horror a la misma vista humana; así el alma sin la gracia, se vuelve tan abominable que da horror
a la vista, no de los hombres, sino de aquel Dios tres veces Santo.
(5) ¡Ah Señor, líbrame de tanta desgracia y del monstruo abominable del pecado!
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3-34
Febrero 4, 1900
Desconfianza.
(1) Encontrándome en un estado lleno de desaliento, especialmente por la privación de mi
sumo Bien, esta mañana, apenas dejándose ver, me ha dicho:
(2) “El desaliento es un humor infeccioso que infecta las más bellas flores y los más
agradables frutos y penetra hasta el fondo de la raíz, de modo que aquel humor infeccioso,
invadiendo todo el árbol, lo marchita, lo vuelve escuálido, y si no se le pone remedio regándolo
con el humor contrario, como aquel humor malo se ha introducido hasta la raíz, seca la raíz y
hace caer por tierra al árbol. Así le sucede al alma que se embebe de este humor infeccioso del
desaliento”.
(3) A pesar de todo esto yo me sentía todavía desalentada, toda encogida en mí misma y me
veía tan mala que no me atrevía a arrojarme hacia mi dulce Jesús. Mi mente estaba ocupada
pensando en que para mí era inútil esperar como antes las continuas visitas de Él, sus gracias,
sus carismas, todo para mí había terminado. Y Él, casi reprendiéndome, ha agregado:
(4) “¿Qué haces? ¿Qué haces? ¿No sabes tú que la desconfianza deja moribunda al alma?
que pensando en que debe morir no piensa más en nada, ni en adquirir, ni en comerciar, ni en
embellecerse más, ni en poner remedio a sus males, no piensa otra cosa sino que para ella todo
ha terminado. Y no sólo vuelve al alma moribunda, sino que la desconfianza pone a todas las
virtudes en peligro de expirar”.
(5) ¡Ah Señor!, me imagino ver a este espectro de la desconfianza, triste, mustio, medroso y
todo tembloroso, y toda su maestría, no con otra astucia sino sólo con el temor, conduce las
almas a la tumba. Pero lo que es peor, es que este espectro no se muestra como enemigo,
porque entonces el alma podría burlarse de su miedo, sino que se muestra como amigo, y se
infiltra tan dulcemente en el alma, que si el alma no está atenta, pareciéndole que es un amigo
fiel que agoniza junto y llega a morir junto con ella, difícilmente se sabrá liberar de su artificiosa
maestría.
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