que no basta arrojar la semilla en su seno, sino que conviene cultivarla, regarla frecuentemente
si se quiere la planta y los frutos de aquella semilla, de otra manera la tierra se hace dura sobre
la semilla y la sepulta sin darle vida. Ahora, quien quiera la virtud de la paciencia, de la
obediencia o alguna otra, debe arrojar la primera semilla, y después con otros actos regarla y
cultivarla, y así formará tantas bellas y diversas plantas en su alma; en cambio mi Voluntad no
es germen como las virtudes, sino vida, y a medida que el alma comienza a resignarse, a mirarla
en todo y a vivir en Ella, así viene formada en ella la pequeña Vida Divina, y conforme se va
adentrando en la práctica del vivir en mi Querer, así crece y se va engrandeciendo esta Vida
Divina, hasta llenar al alma de toda esta Vida, de modo que no queda de ella más que el solo
velo que la cubre y la esconde dentro de sí. Y así como con las virtudes, así con mi Voluntad,
si la criatura no da el alimento continuo de sus actos en Ella a la pequeña Vida Divina, ésta no
crece y no la llena toda entera. Sucede como a un niño recién nacido, que si no se alimenta
muere al nacer; porque mi Voluntad siendo Vida, tiene más necesidad que las virtudes, que son
imágenes de las plantas, del continuo alimento para crecer y formarse Vida entera, por cuanto
es capaz una criatura. He aquí la necesidad de que tú vivas siempre en Ella, para tomar su
alimento exquisito de mi mismo Querer para alimentar su Vida Divina en ti. Ve entonces qué
gran diferencia hay entre las virtudes y mi Voluntad, las primeras son plantas, flores y frutos que
embellecen la tierra y deleitan a las criaturas, en cambio mi Fiat es cielo, sol, aire, calor, latido,
cosas todas que forman vida y Vida Divina en la criatura. Por eso ama esta Vida y dale alimento
continuo, a fin de que te llene toda y nada quede de ti”.
(3) Después de esto seguía mi giro en el Querer Divino, y repitiendo mi estribillo del “te amo”
estaba diciendo: “Jesús, amor mío, quiero dejar todo mi ser en tu Fiat para poderme encontrar
en todas las cosas creadas para adornarlas con mi ‘te amo’. Es más, quiero poner mi corazón
en el centro de la tierra, y conforme palpita así quiero abrazar a todos sus habitantes, y siguiendo
todos sus latidos con mi te amo, quiero darte el amor de cada uno de ellos, y conforme se repite
mi latido desde dentro del centro de la tierra, así quiero poner mi te amo en todas las semillas
que encierra en su seno, y en cuanto despunten estas semillas y se formen las plantas, las
hierbas, las flores, así quiero poner mi te amo para poderlas ver encerradas en mi te amo a
Jesús”. Pero mientras esto decía, mi pensamiento ha interrumpido mi estribillo del te amo
diciéndome: “Cuántas locuras dices, Jesús mismo estará cansado de oír tu larga cantaleta: “Te
amo, te amo”. Y Jesús moviéndose de prisa en mi interior, y mirando toda la Creación para ver
si en todas las cosas, pequeñas y grandes, estaba la vida de mi te amo, me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¡qué maravilla, qué encanto ver todas las cosas adornadas con tu te amo! Si
todas las criaturas pudieran ver adornadas todas las plantas, los átomos de la tierra, las piedras,
las gotas del agua con tu te amo; si pudieran ver llena la luz del sol, el aire que respiran, el cielo
que ven, con tu te amo; si vieran que las estrellas centellean tu te amo, ¿qué maravilla no
suscitaría en ellas, qué dulce encanto no atraería sus ojos para mirar tu estribillo y tu larga
cantaleta de tu te amo? Dirían: ‘¿Será posible que no se le haya escapado nada? Nosotros
mismos nos sentimos adornados con su te amo’. E irían curioseando e indagando todo para ver
si en realidad no se te había escapado nada, para gozar el encanto de tu te amo. Ahora, si este
encanto maravilloso queda inobservado por las criaturas terrestres, no queda inobservado para
el Cielo y para los habitantes de allá arriba, gozan el encanto y las maravillas de ver la Creación
toda, llena y adornada con tu te amo, sienten armonizar su te amo con el tuyo, no se sienten
separados de la tierra porque el amor los une junto y forma las mismas notas y las mismas
armonías, y además, tú debes saber que Yo no me cansé de adornar con mis repetidos e
incesantes te amo para ti todas las cosas, pequeñas o grandes, cuando fueron creadas; y así
como no me cansé al poner mis te amo, tampoco me canso al oírlos repetir por ti, más bien gozo
porque mi te amo no queda aislado, sino que tiene la compañía del tuyo, que haciendo eco en
el mío, se funden juntos y hacen vida común. Y además el amor no cansa jamás, por el contrario
me es portador de alegría y felicidad”.