nuestra potencia, sabiduría, belleza y bondad, las hace morir en el momento de nacer y ella
pierde nuestro amado parto y no recibe nuestra Vida que por medio de la verdad le queríamos
dar, y Nosotros quedamos con el dolor de haber abortado y sentimos reentrar en Nosotros el
bien que queríamos dar a las criaturas, porque si la criatura aborta pierde el parto, en cambio
Nosotros no lo perdemos, sino que reentra en Nosotros, es para la criatura que queda abortado.
Por eso sé atenta cuando sientas que el mar de luz de mi Fiat forma sus olas para desbordar
fuera, para sacar el parto de sus verdades”.
(3) Después de esto sentía que no era buena para nada y rogaba a la Soberana Reina que
viniera en mi ayuda, que me prestara su amor para poder amar con su amor de Madre a mi
dulce Jesús, y Él ha agregado:
(4) “Hija mía, el amor de la Soberana Celestial está difundido en todo lo creado, porque aquel
Fiat que sólo con pronunciarse había puesto en todo el universo tanta variedad de nuestras
obras y les había dado la vida, habitaba en Ella; su amor y todos sus actos los hacía en el Fiat
Divino, el cual no sabiendo hacer cosas pequeñas, sino grandes y sin límites, en su arrojo infinito
difundía el amor y todos los actos de la Mamá Celestial en el cielo, en las estrellas, en el sol, en
el viento, en el mar, dondequiera y en cada cosa; su amor está difundido por doquier, sus actos
se encuentran por todas partes, porque mi Fiat dondequiera los difundía y animaba todo con el
amor y actos de Ella; ni Yo habría estado contento ni me sentiría amado y honrado si no
encontrara en todas las cosas, hasta debajo de la tierra, el amor y la gloria que me daba mi
Mamá, habría sido un amor roto, a intervalos y una gloria dividida si no la encontrara en toda la
Creación, mucho más que en todas las cosas la había amado, era justo que en todo encontrase
difundido su amor y siempre en acto de amarme y glorificarme, no habría podido hacer brecha
en Mí un amor despedazado, que no corriera junto Conmigo dondequiera, y por lo tanto no
podría haberme traído del Cielo a la tierra en la estrecha prisión de su seno materno. Sus
cadenas de amor fueron tantas por cuantas cosas creé, de modo que Yo descendí del Cielo
como un rey, todo rodeado y cercado por las cadenas de amor de la Reina del Cielo, y si su
amor llegó a tanto, lo debe a mi Fiat Divino, que reinando en Ella como soberano, raptaba su
amor en mi Querer y lo ensanchaba por todas partes, y todos los actos de Ella recibían las tintas
de los actos divinos. Por eso, si quieres el amor de la Mamá Reina, haz que mi Fiat te domine,
difunde tu amor y toda tú misma en Él, a fin de que mi Fiat raptando a tu pequeño amor y todo
lo que tú haces, lo ensanche y llevándolo a dondequiera que Él se encuentra, que es por todas
partes, encuentre unido al amor de mi Mamá tu amor y me darás el contento de que la pequeña
hija de mi Querer no me dé un amor roto y dividido, sino amor en todas las cosas y por doquier”.
(5) Después pensaba entre mí: “¿Pero qué mal hace la criatura cuando hace la voluntad
humana?” Y Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, el mal es grande, mi Voluntad es luz y la humana es tinieblas; la mía es santidad,
y el querer humano es pecado; la mía es belleza y contiene todo bien, la humana es fealdad y
contiene todo mal; así que el alma con no hacer mi Voluntad hace morir la luz, da muerte a la
santidad, a la belleza y a todos los bienes, y con hacer la suya hace nacer las tinieblas, da la
vida al pecado, a la fealdad y a todos los males; sin embargo a las criaturas les parece nada el
hacer la propia voluntad, mientras que se forman un abismo de males que las lleva al precipicio;
y además, ¿te parece nada que mientras mi Voluntad les lleva su luz, su santidad, su belleza y
todos sus bienes, sólo porque ama a estas criaturas, reciba la afrenta de que vea morir en ellas
su luz, su santidad, su belleza y todos sus bienes? Mi Humanidad sintió tanto esta muerte que
el querer humano daba a la luz, a la santidad de su Querer en ellas, que se puede decir que fue
la verdadera muerte que sintió, porque sintió el desgarro y el peso de una muerte de una luz y
una santidad infinita, que la criatura había osado destruir en ella, y mi Humanidad gemía y se
sentía triturar por tantas muertes por cuantas veces habían osado dar muerte en ellas a la luz y
santidad de mi Querer Divino. ¿Qué mal no harían a la naturaleza si hicieran morir la luz del
sol, el viento que purifica, el aire que respiran? Habría tal desorden, que morirían todas las