del sol y continuando su eco de luz y de calor lo conserva lleno de luz, íntegro y bello como lo
creó. Así que cada cosa creada tiene como principio y como conservación el eco de nuestro
Fiat, por eso conservan el orden, la armonía, la magnificencia, la potencia de nuestras obras.
Cuando la Divinidad quiere obrar y reproducir aun nuestra misma Vida, nuestro Fiat forma el
eco, y el eco crea y forma lo que Nosotros queremos; mira, también al instituir el Sacramento de
la Eucaristía, nuestro Fiat formó el eco, el eco invistió el pan y el vino y formó en ellos el cuerpo,
la sangre, el alma y mi Divinidad, aquel eco resuena aún en cada hostia y se perpetúa
continuamente mi Vida Sacramental. Ahora, este eco resonó en la creación del hombre, y éste
con sustraerse de nuestro Querer perdió el eco, no oyó más dentro y fuera de él su sonido dulce,
potente, armonizador, que tenía virtud de conservarlo tal y como salió de nuestras manos
creadoras, y por eso se volvió débil y desarmonizado. Pobre hombre sin el eco de nuestro Fiat
que le había dado la vida, no supo más reordenarse, no sentía más en él el eco de la luz de su
Creador, el eco del amor, el eco del orden, de la potencia, de la sabiduría, de la dulzura y bondad
divina; sin el eco de nuestro Fiat el hombre se volvió como un niño que crece sin mamá, que no
tiene quién le enseñe las palabras, quién le enseñe cómo actuar, los pasos; o bien como un
estudiante que no tiene maestro que le enseñe a leer, a escribir, y si alguna cosa logra por sí
mismo, lo hará desordenado. Así es el hombre sin el eco de nuestro Fiat, como un niño sin
mamá, como un estudiante sin maestro. Ahora el alma, según llame a mi Voluntad como
principio, de todo su ser, así sentirá su eco divino, este eco la llamará a su principio y resonando
en ella la reordenará nuevamente. Así como nuestro eco se retiró del hombre porque éste se
sustrajo de nuestra Voluntad Divina, así con reconocerla, amarla y no querer otra cosa que
nuestro Fiat Divino, regresará el eco de nuestra Voluntad en medio de las criaturas; es
propiamente esto el reino de nuestro Fiat, el regreso de nuestro eco divino, no más el eco lejano
que a menudo ha resonado al oído del hombre desde que se sustrajo de nuestro Querer, sino
el eco continuo que resonará en el fondo de su alma y que transmutándola formará en ella la
Vida Divina, restituyéndole el orden de cómo había sido creado”.
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24-8
Abril 22, 1928
Cuando no se pone atención a las verdades, se aborta la luz de ellas. El
amor de la Soberana Reina está difundido en todo lo creado, porque
el Fiat lo extendía por doquier. Males del querer humano.
(1) Continúo mi abandono en el Querer Divino, con el desgarro casi continuo de la privación
de mi dulce Jesús. En mi pobre mente sentía correr el mar de luz del Fiat, que me parecía que
quería decir alguna verdad concerniente a Él, y yo, era tanta la pena que sentía por la privación
de Jesús, que no prestaba atención a la luz que quería hablarme, y mi amado Jesús moviéndose
en mi interior y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando la luz de mi Fiat quiere manifestarse y el alma no le presta atención, el
parto que Él quiere poner fuera para comunicarlo a las criaturas queda abortado, y no reciben
la vida de nuestro parto de luz, ¡y si tú supieras lo que significa hacer abortar nuestra luz! Debes
saber que cuando nuestro Fiat quiere manifestar una verdad, pone en actividad a todo nuestro
Ser, y regurgitando de amor, de luz, de potencia, de sabiduría, de belleza y bondad, forma el
parto de la verdad que quiere poner fuera, y como todas nuestras cualidades se ponen en acto
de surgir, no podemos contenerlo y desbordamos fuera nuestro parto para hacer don de él a la
criatura, y si ella no le presta atención, hace abortar nuestro amor, nuestra luz, hace abortar
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