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Abril 16, 1928
La voluntad humana es símbolo de una semilla dañada. La
Divina Voluntad tiene virtud de restituir la vida inicial al
germen. El eco divino en medio de las criaturas.
(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino, y miles de pensamientos se agolpaban en mi
cabeza, especialmente sobre cómo podrá venir su reino, cómo las criaturas podrán recibir tanto
bien y elevarse tanto de entrar en aquel Fiat de donde salió la Creación. Pero mientras esto y
otras cosas pensaba, mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad tiene virtud de purificar, despejar la niebla, embellecer y cambiar la
misma naturaleza. La voluntad humana es como una semilla deteriorada por dentro, mientras
que por fuera parece buena, la vestidura que cubre la semilla parece en buenas condiciones,
pero si se quita la vestidura, se encuentra que la semilla está medio podrida, alguna está vacía,
y alguna mientras posee la vida, sin exponerla al sol, al viento, terminará de pudrirse; en cambio
si se expone al sol, al viento, con la luz, calor y viento, le será quitada la parte mala, la purificarán
y le darán la nueva vida. Tal es la voluntad humana, una semilla dañada, llena de humo, de pus
y medio podrida, pero no están todos muertos del todo, tienen un hilo de vida, y si estas semillas
que contienen este resto de vida se exponen al Sol de mi Querer Divino, su luz, su calor y su
viento penetrante e imperante, investirá el germen del querer humano, y la luz y el calor quitarán
la niebla del germen, quitándole lo que está dañado, lo llenarán de vida y el viento imperante de
mi Fiat lo elevará tan alto, de llegar a encerrarlo en aquel Fiat de donde salió, con su virtud
cambiará la naturaleza del germen dándole su vida primera. Todo está en exponerse al Sol de
mi Querer y a los rayos ardientes y radiantes de sus conocimientos, hacerse investir por ellos y
acariciar por su luz, calentar por su calor, dejarse llevar por el imperio de su viento, para hacer
que el reino de mi Voluntad venga sobre la tierra. Mira, también en el orden natural hay estas
prerrogativas, si se siente un aire pesado, que oprime, basta un viento para vaciar al aire de
aquel peso y respirarlo como aire puro; si se siente un calor excesivo o un frío que congela,
basta un viento para mitigar aquel calor y otro viento tibio para mitigar el frío; si densas nubes
cubren el horizonte, basta el viento y el sol para retirarlas y hacer reaparecer más bello el cielo
azul; si un campo está por pudrirse por las continuas aguas, basta un viento vigoroso para
secarlo, y la luz y el calor del sol para volver a darle vida; si esto lo puede hacer la naturaleza
animada por la potencia de mi Querer, mucho más lo puede hacer sobre las almas que se harán
investir por mi Voluntad, Ella, con su calor las formará de nuevo, destruirá en ellas lo dañado y
dándoles su aliento, con su luz las vaciará del peso del querer humano, dándoles nuevamente
su naturaleza primera. Y si Adán cuando pecó, corrompiendo el germen de su querer, mi
Voluntad no se hubiese retirado de él, la luz y el calor de mi Querer inmediatamente lo hubieran
rehecho, pero la Justicia quiso que él sintiera los efectos de su germen corrupto, y por eso al
retirarse mi Voluntad no sintió más ni luz ni calor en su alma para poderse rehacer, para
mantener incorrupto el germen de su querer. ¿No es tal vez esto el reino de mi Voluntad, que
Ella quiere regresar de nuevo en medio de las criaturas y más que sol quitar la corrupción al
germen de ellas para poder reinar y dominar en medio de la familia humana?”
(3) Después de esto continuaba pensando en el Fiat Supremo, y mi amable Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, La Voluntad Divina, en cuanto pronunció el Fiat en la Creación formó un eco,
este eco divino llevó consigo, conforme resonó en el vacío de todo el universo, todas nuestras
cualidades y llenó cielo y tierra de nuestro amor; este eco conforme salía de nuestro Fiat, creaba
las cosas más bellas: Cielos, soles, vientos, mares y tantas otras cosas; el eco permaneció en
cada una de las cosas creadas y mantiene la vida del cielo azul con todas las estrellas, la vida