pedirá esta prueba”. Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús se ha movido en
mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cierto que no hay seguridad sin una prueba, y cuando el alma resiste a la prueba
recibe la confirmación de mis designios y todo lo que le es de necesidad y conviene para
desarrollar el estado al cual es llamada por Mí. Por eso quise probar a Adán, para confirmar su
estado feliz y el derecho de rey sobre toda la Creación, pero como no fue fiel en la prueba, por
justicia no podía recibir la confirmación de los bienes que quería darle su Creador, porque en la
prueba el hombre adquiere el sello de la fidelidad, el cual lo pone en derecho de recibir los bienes
que Dios había establecido darle en el estado al cual el alma era llamada por Él. Quien no es
probado, se puede decir que no tiene ningún valor, ni ante Dios, ni ante los hombres, ni siquiera
ante sí mismo; Dios no puede fiarse de un hombre sin prueba, él mismo, esto es, el hombre, no
sabe qué fuerza tiene. Entonces, si Adán hubiese resistido a la prueba, todas las generaciones
humanas habrían sido confirmadas en su estado feliz y de realeza. Ahora, Yo, amando con
amor todo especial a estos hijos de mi Querer Divino, quise Yo mismo sostener la prueba por
todos ellos en mi Humanidad, reservando para ellos la sola prueba de no hacerlos hacer jamás
su voluntad, sino solo y siempre la mía, para reconfirmarles todos los bienes que se necesitan
para vivir en el reino de mi Fiat Divino; con esto les cerré todas las puertas de salida, los ungía
de una fuerza invencible, de manera que nadie podrá entrar en los recintos altísimos de mi reino,
porque cuando Yo mando que esta cosa no se haga, es una puerta que dejo por donde el querer
humano puede hacer su salida, es una ocasión que la criatura tiene siempre, para poder salir
de dentro de mi Voluntad, pero cuando digo: ‘De aquí no se sale’, todas las puertas quedan
cerradas, la debilidad viene fortificada, y sólo le queda la decisión de entrar para no salir más, o
bien, de hecho no entrar. Por tanto, para vivir en el reino de mi Querer estará sólo la decisión,
y la decisión llevará el acto cumplido. ¿No lo estoy haciendo así contigo? ¿No grito siempre
desde el fondo de tu corazón que nada ose entrar en él, sino solamente mi Voluntad? Ella,
como centro de vida, con su fuerza omnipotente, con su luz deslumbrante, tiene todo fuera de
ti, y eclipsándolo todo hace correr su primer movimiento de vida en todos tus actos y domina y
reina como Reina”.
(3) Después de esto estaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad en toda la Creación,
para llevarlos como homenaje a mi Creador, y en todas las cosas creadas corría un movimiento
de vida que las reunía a todas y movía todo. Yo he quedado sorprendida y mi dulce Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, este movimiento de vida en toda la Creación es mi Voluntad, que mueve todo y
tiene como en su propio puño de vida todas las cosas. Cómo es grande su movimiento, y
mientras es múltiple es uno, por eso la historia de mi Voluntad es larga, y tu trabajo de escribir
su historia se vuelve larguísimo, y por cuanto quisieras restringir tu decir te resulta difícil, porque
su movimiento que todo mueve continuamente, tiene tanto que decir de lo que ha hecho en su
larguísima historia, que por cuanto ha dicho le parece que no ha dicho nada, y como los
movimientos, todas las vidas, todos los campos son suyos, tiene tantos caminos para narrar su
larga historia, y tú serás la narradora y portadora de la historia de un Querer eterno, que mientras
dice su historia te pone dentro para darte la vida de sus actos y comunicarte, por cuanto te es
posible, su movimiento y los bienes que Él contiene. Por eso tú debes saber que quien vive en
mi Querer ofrece a la Majestad Eterna actos reales, actos que sólo se encuentran en la morada
divina de mi Voluntad, y entonces Nosotros nos sentimos verdaderamente honrados por la
criatura, cuando viene delante a Nosotros con los actos reales que hace nuestra Voluntad en
toda la Creación, ellos son actos divinos y dignos de nuestra Majestad, en cambio quien no vive
en nuestro Querer, por cuantos bienes pueda hacer, son siempre actos humanos que nos ofrece,
no divinos, inferiores a Nosotros porque no corre en ellos el acto real de nuestro Fiat Divino.
Sucede como a un rey que es servido por un paje, el cual le ofrece todas las cosas que se
encuentran en la morada del rey, éste, a pesar de que son cosas suyas se siente honrado,