(3) Después de esto el bendito Jesús queriendo un acto de reparación especial, parecía que
me truncaba la vida ofreciéndome a la divina justicia. En el momento que esto hacía, yo creía
que Jesús me hacía terminar esta vida, entonces le he dicho: “Señor, no quiero ir al Cielo sin
tus insignias, primero crucifícame y después llévame”.
(4) Así me ha traspasado las manos y los pies con los clavos, y mientras esto hacía, con suma
amargura mía, Él desapareció y yo me encontré en mí misma, y dije entre mí: “Aquí estoy aún.
¡Ah!, cuántas veces me la haces mi amado Jesús, tienes un arte especial para saberlo hacer,
porque me haces creer que debo morir, y entonces yo me río del mundo, de las penas, me río
de Ti mismo porque ha terminado el tiempo de estar separados, no habrá más intervalos de
separación. Pero apenas comienzo a reír cuando me encuentro otra vez atada por las cadenas
de la cárcel de este frágil cuerpo,y olvidando el haber comenzado a reír, continúo el llanto, los
gemidos, los suspiros de mi separación de Ti. ¡Ah Señor, hazlo pronto, porque me siento
violentada a irme!”
+ + + +
3-30
Enero 22, 1900
Correspondencia a la gracia.
(1) Después de haber pasado días amarguísimos de privación, mi pobre corazón luchaba
entre el temor de haberlo perdido y la esperanza de tal vez poderlo ver de nuevo. ¡Oh! Dios, qué
guerra sangrienta ha debido sostener este mi pobre corazón; era tanta la pena que ahora se
congelaba y ahora era exprimido como bajo una prensa y goteaba sangre. Mientras me
encontraba en este estado me he sentido cerca de mi dulce Jesús, que quitándome un velo que
me impedía verlo, finalmente pude hacerlo. Enseguida le he dicho: “Ah Señor, ¿ya no me amas?”
(2) Y Él: “Sí, sí, lo que te recomiendo es la correspondencia a mi gracia, y para ser fiel debes
ser como aquel eco que resuena dentro de un vacío, que no apenas comienza a emitirse la voz,
inmediatamente, sin el mínimo retardo se escucha resonar el eco. Así tú, no apenas empieces
a recibir mi gracia, sin ni siquiera esperar a que la termine de dar, inmediatamente comienza el
eco de tu correspondencia”.
+ + + +
3-31
Enero 27, 1900
El orden de las virtudes en el alma.
(1) Continúo quedando casi privada de mi dulce Jesús, mi vida desfallece por la pena, siento
un tedio, un fastidio, un cansancio de la vida. Iba diciendo en mi interior: “¡Oh, cómo se ha
prolongado mi exilio! ¡Qué felicidad sería la mía si pudiera desatar las ataduras de este cuerpo
y así mi alma emprendería libre el vuelo hacia mi sumo Bien!” Entonces un pensamiento me ha
dicho: “¿Y si tú vas al infierno?” Y yo, para no llamar al demonio a combatirme, enseguida lo
rechacé diciendo: “Pues bien, también desde el infierno enviaré mis suspiros a mi dulce Jesús,
también ahí quiero amarlo”. Mientras me encontraba en estos y otros pensamientos, que sería
demasiada larga la historia si los dijera todos, el amable Jesús por poco tiempo se ha hecho ver,
pero con un aspecto serio, y me ha dicho:
(2) “No ha llegado aún tu tiempo”.