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Marzo 8, 1928
Dios creó al hombre para tenerlo sobre sus rodillas y hacerlo ser el
repetidor de sus actos. Jesús le hace ver cómo pone todos los volúmenes
escritos sobre su Querer, todos ordenados en su corazón. Amor de Jesús por los
escritos y el bien que harán. Quien se decide a vivir en el
Fiat, es atado con cadenas de luz.
(1) Continuaba estando toda abandonada en el Santo Querer Divino, siguiendo sus
innumerables actos como mejor podía, porque es tanta su multiplicidad, que muchas veces no
puedo ni seguirlos, ni numerarlos todos, y debo contentarme con mirarlos, pero no abrazarlos;
su actividad supera en modo increíble la actitud humana, y por eso a mi pequeñez no le es dado
hacer todo, sino sólo de hacer cuanto más puedo y de no salir jamás de dentro de las obras del
Fiat Divino. Mientras mi mente se perdía en las obras del Querer Divino, mi dulce Jesús
moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, nuestra Paterna Bondad creó al hombre para tenerlo sobre nuestras rodillas
paternas para gozárnoslo continuamente, y él gozársela en modo perenne con su Creador, y
para ser estables sus y nuestros gozos lo teníamos sobre nuestras rodillas, y como nuestra
Voluntad debía ser también la suya, Ella ponía el eco de todos nuestros actos en el fondo del
hombre que amábamos como hijo nuestro, y nuestro hijo al oír nuestro eco se volvía el repetidor
de los actos de su Creador. ¿Qué contentos no se formaban entre él y Nosotros al resonar en
el fondo del corazón de nuestro hijo este nuestro eco creante, que formaba en él el orden de
nuestros actos, la armonía de nuestras alegrías y felicidad, la imagen de nuestra Santidad? Qué
tiempos felices para él y para Nosotros. ¿Pero sabes tú quien arrancó de nuestras rodillas
paternas a este hijo tan amado por Nosotros? El querer humano. Nos lo alejó tanto, que perdió
nuestro eco creante, y por eso no supo más nada de lo que hacía su Creador, y Nosotros
perdimos la felicidad de ver a nuestro hijo feliz y entretenerse sobre nuestras rodillas paternas,
porque en él entró el eco de su querer que lo amargaba, lo tiranizaba con las pasiones más
degradantes, de volverlo tan infeliz de dar piedad. Es propiamente esto lo que significa vivir en
nuestro Querer, vivir sobre nuestras rodillas paternas, al cuidado de Nosotros, a expensas
nuestras, en la opulencia de nuestras riquezas, alegrías y felicidad. Si tú supieras el contento
que sentimos al ver a la criatura vivir sobre nuestras rodillas, toda atenta a oír el eco de nuestra
palabra, el eco de nuestras obras, el eco de nuestros pasos, el eco de nuestro Amor, para ser
la repetidora de ellos, tú estarías más atenta para no dejar que se te escape nada de nuestro
eco, para darnos el contento de ver a tu pequeñez ser la repetidora de los actos de tu Creador”.
(3) Yo al oír esto le he dicho: “Amor mío, si se debe vivir en tu Querer, viviendo sobre tus
rodillas paternas no se debe hacer nada, ni obrar, ni caminar, ¿de otra manera cómo se puede
estar sobre tus rodillas?” Y Jesús:
(4) “No, no, se puede hacer todo, nuestra inmensidad es tanta, que dondequiera encontrará
nuestras rodillas paternas, siempre prontas a sus actos, que se prestan para tenerlo dondequiera
estrechado sobre las rodillas divinas, mucho más que lo que ella hace no es otra cosa que el
eco de lo que Nosotros hacemos”.
(5) Después de esto me sentía preocupada por estos escritos sobre la Divina Voluntad, y mi
dulce Jesús se hacía ver en mi interior que tenía todos los volúmenes escritos sobre Ella, y que
uno por uno los tomaba en sus manos, los miraba con tal ternura amorosa, como si le quisiera
estallar el corazón, y conforme los tomaba, los ponía todos ordenados en su corazón santísimo.
Yo he quedado maravillada al ver con cuánto Amor amaba aquellos escritos y con cuánto celo
los encerraba en su corazón para custodiarlos, y Jesús al ver mi admiración me ha dicho: