(4) “Hija mía, mi Paterna Bondad sólo manifiesta un bien cuando debe llevar una utilidad a las
criaturas, si esto no veo, ¿en qué aprovecharía el manifestarlo? La historia del hombre inocente
me es demasiado tierna, con solo recordarla mi Amor surge, desborda y forma sus olas altísimas
para verterse como se vertía sobre Adán inocente, y no encontrando en quien verterlo, porque
no encuentra otro Adán que lo reciba, capaz de darme sus desahogos de amor, porque mi Fiat
Divino íntegro en él mantenía la vida recíproca de correspondencia entre el infinito y el finito, mi
Amor sufre por eso y regresando en Mí mis mismas olas de amor, porque no encuentra a quién
dárselas, queda sofocado por mi mismo amor. He aquí por qué no he manifestado hasta ahora
el estado de Adán inocente, ni él manifestó casi nada de su estado feliz, porque al solo recordarlo
se sentía morir de dolor, y Yo me sentía sofocar por mi amor. Ahora hija mía, queriendo
restablecer el reino de mi Divina Voluntad, veo la utilidad de manifestar el estado de Adán
inocente, y es esta la causa por la que frecuentemente te hablo de su estado sublime, porque
quiero repetir lo que hacía con él, y en virtud de mi Querer quiero elevarte al estado primero de
la creación del hombre. ¿Qué cosa no puede darme la criatura que posee mi Fiat, la unidad de
Él? Todo puede darme y Yo todo puedo dar. Entonces pudiendo dar lo que manifiesto, mi amor
no sofoca mis olas, más bien las pone fuera, y viéndolas reproducidas en la criatura goza, y
siento que quiero manifestar lo que no se conoce para utilidad y bien de ellas. Si tú supieras
cuánto gozo en el dar, cómo festeja mi amor cuando veo dispuesta a la criatura que quiere recibir
mis bienes, serías más atenta a hacerme desahogar mi amor contenido”.
(5) Dicho esto ha hecho silencio y yo me sentía como abismada en el Querer Divino, sus
maravillas, lo que puede hacer el alma con poseer su Voluntad me raptaban, y yo pequeñita
nadaba en el mar de luz del Fiat, y conforme me movía así se alzaban olas de luz, investidas
estas olas de tintas de variada belleza e iban a descargarse en el seno de mi Creador, y la
Paterna Bondad celeste, viéndose investida por las olas de su pequeña, movía sus olas hacia
mí. ¡Oh Voluntad Suprema, cómo eres admirable, amable, deseable más que la misma vida, Tú
me amas tanto que me pones en competencia con mi Creador, queriendo que me ponga a la
par con Aquél que me ha creado! Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat, mi dulce Jesús
ha agregado:
(6) “Hija mía, quien posee la unidad de mi Querer es dueña de obrar y de hacer cuanto bien
quiere, porque tiene en sí la fuente del bien, la tiene a su disposición, siente en sí los toques
continuos de su Creador, las olas de su paterno amor y se sentiría demasiado ingrata si no
formase sus olas, mucho más que siente correr en su alma su pequeño mar, surgido del mar
inmenso de Aquél que la ha creado. En cambio quien no posee su unidad, no posee la fuente,
por lo tanto tiene necesidad, si quiere hacer el bien, de la liberalidad divina en cada acto bueno
que quiere hacer, casi acto por acto debe pedir la gracia para poder cumplir el bien que quiere,
en cambio quien posee mi unidad, el bien se convierte en naturaleza, y sólo con que quiera
obrar, encuentra la fuente del bien en sí y obra”.
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