por ejemplo: Un pobre dice que es pobre, y aun a personas que no lo conocen y que tal vez
pueden creer que posee alguna cosa, él les manifiesta con franqueza su pobreza, se puede
decir que se conoce a sí mismo y dice la verdad, y por esto es más amado, mueve a los demás
a compasión de su miserable estado y todos lo ayudan, esto es el conocerse a sí mismo. Si
después, aquel pobre avergonzándose de manifestar su pobreza se jactara de que él es rico,
mientras que todos saben que no tiene ni siquiera vestidos para cubrirse y que se muere de
hambre, ¿qué sucedería? Todos lo desprecian, nadie lo ayuda y llega a ser sujeto de burla y de
ridiculez a cualquiera que lo conoce, y el miserable, yendo de mal en peor, termina con perecer.
Tal es la soberbia ante Dios y aun ante los hombres, y he aquí que quien no se conoce a sí
mismo, ya está fuera de la verdad y se precipita por el camino de la falsedad.
(8) Ahora, la diferencia con la humildad, si bien me parece que son dos hermanas nacidas en
un mismo parto y que jamás se puede ser humilde si no se conoce a sí mismo, es por ejemplo
un rico, que despojándose por amor a las humillaciones de sus nobles vestiduras, se cubre con
miserables harapos, vive desconocido, a nadie manifiesta quien es él, se confunde con los más
pobres, vive con los pobres como si fuera igual que ellos, hace de los desprecios y confusiones
sus delicias, y esta es la bella hermana del conocimiento de sí mismo, esto es la humildad. ¡Ah!
sí, la humildad llama a la gracia; la humildad rompe las cadenas más fuertes, como son el
pecado; la humildad supera cualquier muro de división entre el alma y Dios, y a Él la regresa.
La humildad es la pequeña planta, pero siempre verde y florida, no sujeta a ser roída por los
gusanos, ni los vientos, ni las granizadas, ni el calor podrán hacerle daño ni marchitarla
mínimamente. La humildad, si bien es la más pequeña planta, siempre saca ramas altísimas
que penetran hasta en el cielo y se entrelazan entorno al corazón de Nuestro Señor, y sólo las
ramas que salen de esta pequeña planta tienen libre la entrada en ese corazón adorable. La
humildad es el ancla de la paz en las tempestades de las olas del mar de esta vida. La humildad
es sal que condimenta todas las virtudes, y preserva al alma de la corrupción del pecado. La
humildad es la hierba que brota en el camino pisado por los caminantes, que mientras es
pisoteada desaparece, pero enseguida se ve surgir de nuevo más bella que antes. La humildad
es como injerto noble que ennoblece a la planta silvestre. La humildad es el ocaso de la culpa.
La humildad es la recién nacida de la gracia. La humildad es como luna que nos guía en las
tinieblas de la noche de esta vida. La humildad es como aquel avaro negociante que sabe
negociar bien sus riquezas,y no despilfarra ni siquiera un centavo de la gracia que le viene dada.
La humildad es la llave de la puerta del Cielo, así que ninguno puede entrar en él si no tiene bien
custodiada esta llave. Finalmente, de otra manera no terminaría nunca y me alargaría
demasiado, la humildad es la sonrisa de Dios y de todo el Empíreo, y el llanto de todo el infierno.
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3-29
Enero 17, 1900
La maldad y astucia del hombre.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús iba y venía, pero siempre en silencio. Después me he
sentido salir fuera de mí misma, y oía a Jesús que desde atrás me decía:
(2) “El hombre dice – porque no hay ya rectitud – : “Hasta en tanto que las cosas estén de
este modo no podremos tener ningún éxito en nuestros planes, finjamos virtud, finjámonos
rectos, mostrémonos verdaderos amigos externamente, porque así será más fácil tejer nuestras
redes y atraerlos al engaño, y cuando salgamos para atraparlos y hacerles mal, cada uno,
creyéndonos amigos, los tendremos en nuestras manos”. Ve un poco hasta donde llega la
astucia del hombre”.
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