inmensidad de luz y no saber encontrar el camino para dirigir los pasos para encontrar a Aquél
que amo, que me ha formado, que me ha dicho tantas verdades que me las siento en mí como
tantas Vidas Divinas palpitantes, que me hacen comprender quien es Aquél que quiero y no
encuentro. ¡Ah Jesús, Jesús! Regresa, ¿cómo, me haces sentir tu latido en mi corazón y te
escondes? Pero mientras desahogaba, pensaba entre mí: “Tal vez Jesús no encuentra ni en
mí ni en los demás las disposiciones para recibir la Vida de sus otras verdades, y para no hacer
quedar suspendidas estas Vidas, calla y se esconde”. Pero mientras esto pensaba, mi sumo
bien Jesús se ha movido dentro de mi interior en acto de mover los pasos para salir fuera de mí,
y me ha dicho:
(2) “Pobre pequeña hija mía, te has perdido en la luz y no sabes encontrar a Aquél que con
tanto amor buscas, la luz te forma las olas altísimas y forma las barreras para encontrarme,
¿pero no sabes tú que la luz soy Yo, la vida, el latido que tú sientes soy Yo? ¿Cómo habría
podido mi Voluntad tener su Vida en ti, si no estuviera tu Jesús en ti, que da el campo para
desenvolver el obrar de mi Querer en tu alma? Por eso cálmate. Ahora, tú debes saber que
quien debe ser portador de un bien debe concentrar en sí toda la plenitud de aquel bien, de otra
manera el bien no encontraría el camino para salir. Ahora, debiendo concentrar en ti el reino de
mi Voluntad, nada debe faltar de Ella, porque su luz te dispone a recibir todas las verdades
necesarias para formar su reino, y si las otras criaturas están indispuestas para recibir todas las
Vidas de las verdades del Fiat, a lo más no te daré capacidad de manifestarlas, como sucede
tantas veces, pero a ti, como depositaria, nada debe faltarte. Esto sucedió con la Reina del
Cielo, porque debiendo ser Ella la depositaria del Verbo encarnado, que debía darme a las
generaciones humanas, concentré en Ella todos los bienes de los redimidos y todo lo que
convenía para poder recibir la Vida de un Dios, por eso la alteza de mi Mamá posee la soberanía
sobre todas las criaturas y sobre cada uno de los actos y bienes que pueden hacer, de modo
que si ellas piensan santamente, Ella es como canal de los santos pensamientos, y por eso tiene
la soberanía sobre de ellos, si hablan, si obran, si caminan santamente, el principio de todo eso
desciende de la Virgen, y por eso tiene el derecho y la soberanía sobre las palabras, pasos,
obras, no hay bien que se haga que no descienda de Ella, porque si Ella fue causa primaria de
la encarnación del Verbo, era justo que fuera el canal de todos los bienes y tuviese el derecho
de soberanía sobre todo. Esto sucedió también de Mí, que debiendo ser el Redentor de todos,
debía contener en Mí todos los bienes de la Redención, Yo soy el canal, la fuente, el mar de
donde parten todos los bienes de los redimidos y poseo por naturaleza el derecho de soberano
sobre todos los actos y bienes que hacen las criaturas; nuestro reinar no es como el reinar de
las criaturas, que dominan y reinan sobre los actos externos de ellas, y ni siquiera sobre todos
los actos externos, pero de los internos no saben nada, ni tienen derecho de soberanía, porque
no sale de ellos la vida, el pensamiento, la palabra de sus dependientes, en cambio de Mí sale
la vida de todo el obrar interno y externo de las criaturas. Por eso las criaturas deberían ser
actos, porque sobre cada acto de ellos que hacen, pende el de la Madre Celestial y el mío, y
como soberanos lo forman, lo dirigen y le dan la vida”.
(3) Después de esto continuaba mi giro en la Divina Voluntad, y uniéndome a la unidad que
poseía mi primer padre Adán antes de pecar, mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, tú no has comprendido bien qué significa unidad. Unidad significa concentración
y principio de todos los actos de las criaturas, pasadas, presentes y futuras. Así que Adán antes
de pecar, cuando poseía nuestra unidad, encerraba en sus pensamientos la unidad de todos los
pensamientos de las criaturas, la unidad de todas las palabras, obras y pasos. Por tanto yo
encontraba en él, en mi unidad, el principio, la continuación y el fin de todos los actos de las
generaciones humanas; él en mi unidad encerraba a todos y poseía todo. Ahora hija mía,
subiendo tú a aquella misma unidad dejada por él, tomas su puesto y poniéndote en el principio
de todos y de todo, encierras en ti los mismos actos de Adán, con todo el séquito de todos los
actos de las criaturas. Vivir en mi Voluntad significa: ‘Soy el principio de todos, de mí todo
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