mientras pensaba en el reino de la Divina Voluntad y me parecía difícil su reinar sobre la tierra,
mi amado Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, en cuanto Adán pecó Dios le hizo la promesa del futuro Redentor; pasaron
siglos, pero la promesa no vino a menos, y las generaciones tuvieron el bien de la Redención.
Ahora, cuando vine del Cielo y formé el reino de la Redención, antes de partir al Cielo hice otra
promesa más solemne, la del reino de mi Voluntad, y ésta la hice en el Padre Nuestro, y para
darle más valor y para obtenerlo más pronto, esta promesa formal la hice en la solemnidad de
mi oración, pidiendo al Padre que hiciera venir su reino, que es la Voluntad Divina como en el
Cielo así en la tierra, y me puse Yo a la cabeza de esta plegaria, conociendo que tal era su
Voluntad y que rogado por Mí no me habría negado nada, mucho más que con su misma
Voluntad Yo rogaba y pedía una cosa querida por mi mismo Padre, y después de haber formado
esta plegaria ante mi Padre Celestial, seguro que me era concedido el reino de mi Voluntad
Divina sobre la tierra, la enseñé a mi apóstoles a fin de que la enseñaran a todo el mundo, para
que uno fuera el grito de todos: ‘Hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra’. Promesa
más cierta y solemne no podía hacer; los siglos para Nosotros son como un punto solo, y
nuestras palabras son actos y hechos cumplidos. Mi mismo rogar al Padre Celestial: ‘Venga,
venga tu reino, hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra’, significaba que con mi
venida sobre la tierra el reino de mi Voluntad no era establecido en medio a las criaturas, de otra
manera habría dicho: ‘Padre mío, sea confirmado nuestro reino que ya he establecido sobre la
tierra, y nuestra Voluntad domine y reine’. En cambio dije: ‘¿Venga’, esto significaba que debe
venir y las criaturas deben esperarlo con aquella certeza con que esperaron al Redentor, porque
está mi Voluntad Divina unida y comprometida en aquellas palabras del Padre Nuestro, y cuando
Ella se compromete es más que cierto lo que promete. Mucho más que el todo fue preparado
por Mí, no se requería otra cosa que las manifestaciones de mi reino y lo estoy haciendo, ¿crees
tú que las tantas verdades que te estoy diciendo acerca de mi Fiat sean sólo para darte una
simple noticia? No, no, es porque quiero que todos conozcan que su reino está cercano, y que
conozcan sus bellas prerrogativas, a fin de que todos amen, suspiren entrar a vivir en un reino
tan santo, pleno de felicidad y de todos los bienes. Así que lo que a ti te parece difícil, para la
Potencia de nuestro Fiat es fácil, porque Él sabe quitar todas las dificultades y abatir todo como
quiere y cuando quiere”.
(3) Después estaba según mi costumbre haciendo mi giro en el Eterno Fiat, y girando por toda
la Creación llevaba todas las obras ante la Divinidad para darle el más bello homenaje y la gran
gloria de todas las obras de Ellos, pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “¿Pero cuál es
la gloria que doy a mi Creador con llevarle todas sus obras?” Y Jesús moviéndose en mi interior
me ha dicho:
(4) “Hija mía, haciendo esto nos traes la alegría de nuestras obras cumplidas, porque antes
de crear la Creación estaban dentro de Nosotros, como en depósito en nuestra Voluntad y no
teníamos la gloria, la alegría de ver nuestras obras fuera de Nosotros, formadas y cumplidas
fuera de Nosotros, de modo que nuestras obras fueron formadas cuando fue creada la Creación,
y quien gira en medio a ellas las mira y quiere reunirlas todas juntas en torno a Nosotros y
decirnos: ‘Cómo son bellas vuestras obras, perfectas y santas, su armonía, el orden perfecto,
dicen quién eres Tú, y narran vuestra gloria’. Nosotros nos sentimos repetir la alegría, la gloria,
como si estuviéramos de nuevo extendiendo el cielo, formando el sol y todas nuestras obras,
así que la Creación está siempre en acto y como hablante por medio de la pequeña hija de
nuestro Querer. Esto puede sucederte también a ti, si tú tuvieras en tu voluntad decidido hacer
tantas bellas obras, tú no gozas, pero tu alegría empieza cuando ves las obras cumplidas, y si
una persona amándote, frecuentemente te las pusiera alrededor para decirte: ‘Mira como son
bellas tus obras’, ¿no te sentirías gloriosa y repetir la alegría cuando las terminaste? Así soy
Yo, las repeticiones forman mis más bellas sorpresas”.
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