sus mismas armas para hacerle la guerra santa, para hacer que te ceda su reino, se puede decir
que tu afanarte, el reunir todo, es la verdadera sonrisa del Cielo, es la nueva fiesta que lleva tu
pequeñez a la Patria Celestial, y todos esperan el asalto de la pequeña niñita. ¿Pero quieres
saber dónde está el secreto de tu fuerza en tu pequeñez, que mientras quedas perdida ahora
en la luz del sol, ahora en medio a las estrellas, ahora en mis mares y en los de mi Mamá
Celestial, tu átomo no se detiene, se libera y sale de nuevo en campo para cumplir su epílogo
de todas las obras del Fiat Divino? Todo el secreto está encerrado en Él, que te mueve, te
inviste, te da la cuerda para hacerte girar y para hacerte encerrar todos sus actos, para hacerse
por Sí mismo, por medio de tu pequeñez, dar el asalto para hacerse atraer y venir a reinar sobre
la tierra. ¿Qué cosa no puede el átomo animado por mi Querer? Todo, porque llega a ser un
acto en medio a todos sus actos de Voluntad Divina, y esto basta para poder hacer de todos sus
actos un solo acto, para decir: Todo es mío, y todo me debe servir para poder conseguir el reino
del Fiat Divino sobre la tierra”.
(3) Después de esto estaba pensando en cuánto mal ha hecho la voluntad humana a las
pobres criaturas, por eso yo la aborrezco, ni siquiera quiero conocerla más, ni mirarla, porque
es demasiado nauseante. Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús se ha movido en mi
interior y me ha dicho:
(4) “Hija mía, la voluntad humana por sí sola es nauseante, pero unida con la mía es la cosa
más bella que creé, mucho más, que de la Divinidad jamás podía salir una cosa que diera
nausea; ella unida con la nuestra tendría el movimiento continuo del bien, de la luz, de la
santidad, de la belleza, y con nuestro movimiento continuo, que jamás cesa, habría sido el
prodigio más grande de la Creación, nuestro movimiento la purificaría de toda sombra de
mancha, sucedería como al mar, que porque murmura continuamente y tiene su movimiento
perenne, sus aguas son puras y cristalinas, ¡oh! si las aguas del mar estuviesen quietas, las
aguas perderían la pureza y se volverían de tal manera nauseantes, que ninguno lo miraría, las
aguas serían tan asquerosas y llenas de suciedad, que las naves no podrían navegar el mar y
ninguno haría su comida de aquellos peces de aguas tan pútridas, así que el mar sería un peso
a la tierra y produciría el contagio de todos los males a las generaciones humanas. En cambio,
sólo porque murmura y tiene su movimiento continuo, ¿cuánto bien no hace a las criaturas? Y
mientras en su seno esconde quién sabe cuántas suciedades, con su murmullo tiene el dominio
de tenerlas sepultadas en el fondo de él y señorea la pureza de sus aguas puras y vaciadas de
cualquier suciedad. Así es la voluntad humana, más que mar, que si el movimiento divino
murmura en ella, es bella y pura, todos los males quedan sepultados y sin vida, en cambio si mi
Voluntad no murmura en ella y no tiene su primer movimiento, todos los males renacen y se
vuelve de la más bella la más fea, de dar piedad. Otra imagen es la naturaleza humana, unida
con el alma es bella, ve, siente, camina, obra, habla, no apesta; desunida del alma se corrompe,
apesta horriblemente, da asco el verla, se puede decir que no se reconoce más, ¿quién ha
hecho un cambio tan drástico del cuerpo vivo al cuerpo muerto? La falta del murmullo del alma,
de su movimiento continuo que tenía la primacía en la naturaleza humana. Así fue puesta mi
Voluntad al humano querer, como alma de la cual debía recibir la vida, su murmullo continuo,
así que mientras está unida con la mía es un prodigio de vida, de belleza; desunida de la mía
pierde las piernas, las manos, la palabra, la vista, el calor, la vida, por consecuencia se vuelve
de tal manera horrible, más que cadáver, de merecer que se entierre en lo más profundo del
abismo porque su hedor es insoportable. Por eso quien no está unido con mi Voluntad pierde
la vida de su alma, por eso nada puede hacer de bien y todo lo que hace es sin vida”.
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