esos escupitajos fétidos, – ¡ah! me parece ver su interior ante la Divinidad, y el exterior ante los
hombres – sin embargo, si quiere lo puede hacer, porque no son las cadenas las que lo atan,
sino su estable Voluntad, que a cualquier costo quiere salvar al género humano. ¿Y yo? ¿Y yo?
¿Dónde están mis humillaciones, dónde la firmeza, la constancia en el hacer el bien por amor
de mi Jesús y por amor de mi prójimo? ¡Ay, qué diferentes víctimas somos yo y Jesús, porque
de hecho no nos parecemos en nada!” Mientras mi pequeño cerebro se perdía en esto, mi
adorable Jesús me ha dicho:
(4) “Mi Humanidad estuvo llena solamente de oprobios y humillaciones, tanto, de derramarse
fuera, he aquí por qué ante mis virtudes tiembla el Cielo y la tierra, y las almas que me aman se
sirven de mi Humanidad como escalera para subir a probar algunas gotitas de mis virtudes.
Dime, ante mi humildad, ¿dónde está la tuya? Sólo Yo puedo gloriarme de poseer la verdadera
humildad, mi Divinidad unida a mi Humanidad podía obrar prodigios en cada paso, palabra y
obra, en cambio voluntariamente me restringía en el cerco de mi Humanidad y me mostraba
como el más pobre, y llegaba a confundirme con los mismos pecadores.
(5) La obra de la Redención en poquísimo tiempo podía hacerla, aun con una sola palabra,
pero quise durante el curso de tantos años, con tantos trabajos y sufrimientos, hacer mías las
miserias del hombre, quise ejercitarme en tantas diversas acciones para hacer que el hombre
fuese todo renovado, divinizado, aun en las mínimas obras, porque realizadas por Mí, que era
Dios y Hombre, recibían nuevo esplendor y quedaban con la marca de obras divinas. Mi
Divinidad escondida en mi Humanidad, con descender a tanta bajeza, sujetarse al curso de las
acciones humanas mientras que con un solo acto de Voluntad habría podido crear infinitos
mundos,con sentir las miserias, las debilidades de otros como si fuesen suyas, con verse
cubierta de todos los pecados de los hombres ante la divina justicia, y que debía pagar con el
precio de penas inauditas y con el desembolso de toda su sangre, ejercitaba continuos actos de
profunda y heroica humildad.
(6) He aquí oh hija mía, la diferencia grandísima de mi humildad con la humildad de las
criaturas, que ante la mía, apenas es una sombra; aun la de todos mis santos, porque la criatura
es siempre criatura y no conoce cuánto pesa la culpa como la conozco Yo, aunque sean almas
heroicas que a mi ejemplo se han ofrecido a sufrir las penas de otros, pero éstas no son
diferentes de aquellas, de las otras criaturas, no son cosas nuevas para ellas, porque están
formadas del mismo barro. Además, el sólo pensar que esas penas son causa de nuevas
adquisiciones y que glorifican a Dios, es un gran honor para ellas. Además de esto, la criatura
está restringida en el cerco donde Dios la ha puesto, y no puede salir de esos límites con los
que Dios la rodeó. ¡Oh! si estuviese en su poder el hacer y el deshacer, cuántas otras cosas
harían, cada uno llegaría a las estrellas. Pero mi Humanidad divinizada no tenía límites, sino
que voluntariamente se restringía en Sí misma, y esto era un entretejer todas mis obras de
heroica humildad. Había sido esta la causa de todos los males que inundan la tierra, esto es, la
falta de humildad, y Yo con el ejercicio de esta virtud debía atraer de la divina justicia todos los
bienes. ¡Ah, sí, que no parten de mi trono rescritos de gracias sino por medio de la humildad!
Ningún billete puede ser recibido por Mí, si no contiene la firma de la humildad, ninguna oración
escuchan mis oídos y mueve a compasión mi corazón, si no está perfumada con el aroma de la
humildad. Si la criatura no llega a destruir el germen de honor, de estima, y esto se destruye con
llegar a amar el ser despreciada, humillada, confundida, sentirá un entrelazamiento de espinas
alrededor de su corazón, advertirá un vacío en su corazón que le dará siempre fastidio y la
volverá muy desemejante de mi Santísima Humanidad, y si no llega a amar las humillaciones, a
lo más podrá conocerse un poco a sí misma, pero no resplandecerá ante Mí vestida por la bella
y agradable vestidura de la humildad”.
(7) ¿Quién puede decir cuántas cosas comprendía sobre esta virtud y la diferencia entre el
conocerse a sí mismo y la humildad? Me parecía tocar con la mano la diferencia de estas dos
virtudes, pero no tengo palabras para explicarme. Para decir alguna cosa me sirvo de una idea,
146 sig