oh Jesús, si no me escuchas por medio del ejército de tus actos que te ruegan, te apresuran,
¿qué otra cosa podría hacer para moverte a concederme un reino tan santo?” Pero mientras
esto decía pensaba entre mí: “Mi dulce Jesús tenía sus deseos mientras estaba sobre esta
tierra, ¿o bien, de hecho no los tenía? Y Él moviéndose en mi interior me ha dicho:
(5) “Hija mía, como Dios no existía en Mí ningún deseo, porque el deseo nace en quien no
posee todo, pero para quien todo posee y nada le falta, el deseo no tiene razón de existir, pero
como hombre tuve mis deseos, porque mi corazón se hermanó en todo a las otras criaturas, y
haciendo míos los deseos de todos, desee por todos, con todo el ardor, dar el reino de mi Fiat
Divino a todas las criaturas, así que si suspiraba, suspiraba el reino de mi Querer, si rogaba y
lloraba y deseaba, era sólo por mi reino que quería en medio a las criaturas, porque siendo eso
la cosa más santa, mi Humanidad no podía hacer menos que querer y desear la cosa más
santísima, para santificar los deseos de todos y darles lo que era santo y de bien más grande y
perfecto para ellos, por eso todo lo que tú haces no es otra cosa que mi eco, que resonando en
ti te hace pedir en cada acto mío el reino de mi Voluntad. Es por esto que te hago presente cada
acto mío, cada pena que sufro, cada lágrima que vierto, cada paso que doy, porque amo el que
tú, invistiéndolos, repitas junto a cada acto mío: ‘Jesús, te amo, y porque te amo dame el reino
de tu Querer Divino.’ Quiero que me llames en cada cosa que hago, para hacerme resonar el
dulce recuerdo de que mis actos dicen: ‘Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in Terra.’ De
modo que al ver tu pequeñez, a la pequeña hija de mi Querer que hace su eco a todos mis actos,
poniéndolos como un ejército en torno a Mí, Yo me apresure a conceder el reino de mi Voluntad”.
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23-33
Enero 31, 1928
Giro en la Voluntad Divina. Asalto a la Majestad Divina.
Atractivos de la pequeñez; el secreto de ella. La voluntad
humana es nauseante. Ejemplo.
(1) Estaba recogiendo todos los actos de la Divina Voluntad hechos en la Creación, los mares
de la Reina Celestial, aquellos de mi amado Jesús, en suma todos los actos que el Fiat Divino
ha sacado fuera de Sí mismo. Así que estaba recapitulando todo para llevarlos ante la Alteza
de la Majestad Suprema, para darle por medio de esto el último asalto y obligarla a darme su
reino sobre la tierra, pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “Soy pequeña, soy un átomo
apenas, ¿cómo puedo llevar la vastedad del cielo, la multiplicidad de las estrellas, la inmensidad
de la luz del sol, y además todos los mares de mi Mamá y los de Jesús, que son interminables?
Entonces, ¿mi pequeño átomo no queda perdido en medio de tantas obras tan grandes? Creo
que todo el Cielo sonreirá al ver a mi pequeñez que quiere dar este asalto como último acto de
su giro en la Voluntad Divina, porque siendo pequeña, yo no sólo quedo perdida, sino también
anulada por una sola obra del Querer Divino, por tanto mi asalto será sin efecto, y tal vez servirá
para hacer sonreír, a mis espaldas, a toda la corte celestial”. Pero mientras esto pensaba, mi
dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho todo ternura:
(2) “Pequeña hija mía, tu pequeñez tiene tal atractivo, que llama la atención de todo el Cielo
para ver qué cosa quiere hacer y sabe hacer tu pequeñez. Ver hacer cosas grandes a una
persona grande no acapara la atención, ni lleva la alegría, pero si se viera hacer la misma cosa
grande por una pequeña niña, esto despertaría tal estupor y maravilla, que todos querrían ver la
obra grande de la pequeña niña, lo que no sucede si la misma obra la hiciera una persona
grande. Si tú supieras cómo la mirada divina y la de todo el Cielo se fija en ti al verte como
deprisa reunir todas juntas las obras de la Divina Voluntad para dar el asalto al Creador, llevando