a otra y concentra en ella toda la obra de la Creación, llueve sobre de ella como lluvia tupida,
desborda sus cualidades divinas para tener la segunda hija reina, para hacerle formar los
fundamentos del reino de nuestra Voluntad, y así poder tener el séquito de nuestros hijos, todos
reyes y reinas. He aquí por qué estoy poniendo todo a un lado, para obrar en ti el primer acto
de la Creación, mi amor me forma el encanto, que mientras miro a los demás me hace tener la
mirada fija sobre ti y me hace llover todo lo que se requiere para hacerme formar el reino de mi
Voluntad en ti. Yo hago como un padre que habiendo colocado otros hijos y debiendo colocar
a otro, no piensa en los primeros ni en los que debe colocar después, sino que poniendo a todos
los demás a un lado, piensa sólo en aquél que está por colocar, y si el hijo es bueno y aquélla
que ha escogido es digna de él, el padre no repara en gastos, la dota de mayores riquezas, le
prepara una habitación suntuosa, en suma, pone fuera todo su amor paterno. Así hago Yo
cuando se trata de realizar la finalidad de la Creación, como es el reino de mi Voluntad en medio
a las criaturas, a aquélla que llamo por primera no le hago faltar nada, todo concentro en ella,
sabiendo que el todo será heredado por aquellos que la seguirán”.
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23-29
Enero 18, 1928
La Virgen está aislada en su gloria, y espera el cortejo de las otras reinas
para tener su séquito. Cómo las obras de Dios se dan la mano entre ellas.
Las manifestaciones sobre la Divina Voluntad serán el evangelio de su
reino. Debates sobre los escritos. Necesidad de los primeros
sacerdotes del reino del Fiat.
(1) Estaba siguiendo los actos en el Querer Divino y decía entre mí: “¡Oh! cómo quisiera
encerrarme en el acto primero de Dios para hacer todo con un solo acto, para poder dar a mi
Creador todo el amor, toda la gloria, sus mismas beatitudes y alegrías infinitas, para poderlo
amar y glorificar como se glorifica y ama Él mismo, ¿qué cosa no le daría si estuviera en aquel
acto primero del Fiat Divino? Nada me faltaría para hacer feliz a mi Creador con su misma
felicidad”. Y viéndome impotente rogaba a mi Mamá Soberana que viniese en mi ayuda y con
sus mismas manos maternas me encerrase en aquel acto primero donde Ella había tenido su
perenne morada, porque viviendo en el Divino Querer el primer acto de Dios era suyo, por eso
podía darle lo que quería. Pero mientras esto pensaba decía entre mí: “Cuántos desatinos
estoy diciendo”. Pero mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, la Reina del Cielo en su gloria y grandeza está como aislada, porque habiendo
vivido Ella sola en el primer acto de Dios, esto es en la plenitud y totalidad del Querer Divino,
Ella es Reina aislada, no tiene el cortejo de otras reinas que la circunden y la igualen en la gloria
y grandeza que posee. Ella se encuentra en las condiciones de una reina, que si bien circundada
de doncellas, de pajes, de fieles amigos que le hacen honor y le hacen compañía, pero ninguna
reina semejante a Ella le hace el gran honor de circundarla y de hacerle compañía; ¿qué sería
más honor para una reina de la tierra, estar circundada de otras reinas semejantes a Ella, o bien
por personas inferiores de condición, de gloria, de grandeza y de belleza? Hay tal distancia de
honor y de gloria entre quien está circundada por reinas y entre quien sólo está circundada por
otros, que no rige ninguna comparación. Ahora, la Mamá Celestial quiere, desea, espera el
reino de la Voluntad Divina sobre la tierra, en el cual estarán las almas que viviendo en él
formarán la vida en el primer acto de Dios, las cuales adquirirán la realeza y el derecho de reinas,
todos verán impreso en ellas un carácter imborrable, que son hijas del Rey Divino, y como hijas
les toca el título y el derecho de reinas. Estas almas tendrán su morada en el palacio real divino,