por eso adquirirán nobleza de modos, de obras, de pasos, de palabras, poseerán tal ciencia que
ninguna las podrá igualar, serán investidas de tal luz, que la luz misma anunciará a todos que
es reina que ha vivido en el palacio real de mi Voluntad. Entonces la Reina Soberana no estará
más sola en su regio trono, tendrá las otras reinas que la circundarán, su belleza se reflejará en
ellas, su gloria y grandeza encontrarán en quien podrán verterse, ¡oh! cómo se sentirá honrada,
glorificada, por eso suspira por quien quiera vivir en el Fiat Divino, para formarse las reinas en
el acto primero de Él, para poder tener en la Patria Celestial el séquito de las otras reinas que la
circundarán y le darán los honores a Ella debidos”.
(3) Después de esto estaba pensando para qué servirán estos escritos sobre la Divina
Voluntad, y mi sumo y único bien Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, todas mis obras se dan la mano, y esta es la señal de que son obras mías, que
una no se opone a la otra, más bien están tan ligadas entre ellas que se sostienen mutuamente,
tan es verdad, que debiendo formar a mi pueblo elegido del cual, y en el cual debía nacer el
futuro Mesías, formé de aquél mismo pueblo el sacerdocio, el cual instruía al pueblo y lo
preparaba al gran bien de la Redención, les di leyes, manifestaciones e inspiraciones, sobre las
cuales venían formadas las sagradas escrituras llamadas Biblia, y todos estaban atentos al
estudio de ella. Después, con mi venida a la tierra Yo no destruí las sagradas escrituras, más
bien las apoyé, y mi Evangelio anunciado nada se oponía a ellas, más bien se sostenían en
modo admirable mutuamente, y con el formar la nueva Iglesia naciente formé el nuevo
sacerdocio, los cuales no se apartan ni de las sagradas escrituras, ni del Evangelio, todos están
atentos sobre de ellos para instruir a los pueblos, y alguno que no quisiera tomar de esta fuente
saludable, se puede decir que no me pertenece, porque ellas son la base de mi Iglesia y la
misma vida con la cual vienen formados los pueblos. Ahora, lo que Yo manifiesto acerca de mi
Voluntad Divina y que tú escribes, se puede llamar el Evangelio del reino de la Voluntad Divina,
nada se opone ni a las sagradas escrituras ni al Evangelio que Yo anuncié estando en la tierra,
más bien se puede llamar el sostén del uno y del otro, y por eso permito y llamo a los sacerdotes
a que vengan, que lean el evangelio todo de Cielo del reino de mi Fiat Divino, para decir como
dije a los apóstoles: ‘Predíquenlo por todo el mundo’. Porque Yo me sirvo para mis obras del
sacerdocio, y así como tuve el sacerdocio antes de mi venida para preparar al pueblo, el
sacerdocio de mi Iglesia para confirmar mi venida y todo lo que Yo hice y dije, así tendré el
sacerdocio del reino de mi Voluntad. He aquí a qué servirán las tantas cosas que te he
manifestado: Las tantas verdades sorprendentes, las promesas de los tantos bienes que debo
dar a los hijos del Fiat Voluntas Tua, serán el Evangelio, la base, la fuente inagotable de la cual
todos tomarán la Vida Celestial, la felicidad terrenal y la restauración de su creación. ¡Oh! cómo
se sentirán felices quienes con ansia beban a grandes sorbos en estas fuentes de mis
conocimientos, porque ellas contienen la virtud de llevar la Vida del Cielo y de desterrar cualquier
infelicidad”.
(5) Entonces al oír esto, pensaba entre mí en la gran cuestión de los escritos sobre la Divina
Voluntad que se encontraban en Messina, llevados allá por el memorable padre Di Francia, y
como yo y mis superiores los queremos absolutamente acá, y los superiores de Messina,
instruidos rigurosamente por el venerable padre antes de morir, se los quieren tener allá para la
publicación cuando a Dios le parezca bien, por eso no se hace otra cosa que enviar cartas de
fuego de un lado y del otro, aquellos para retenerlos y nosotros para recuperarlos, y yo me sentía
toda pensativa, fastidiada, cansada y decía entre mí: “¿Cómo el buen Jesús ha podido permitir
todo esto, quién sabe y a lo mejor también Él se disgusta?” Y Él moviéndose en mi interior me
ha dicho:
(6) “Hija mía, tú estás preocupada, pero Yo no estoy ni siquiera disgustado, más bien gozo al
ver el interés que toman los sacerdotes por estos escritos que formarán el reino de mi Voluntad,
esto significa que aprecian el gran bien de ellos, y cada uno quisiera tener consigo un tesoro tan
grande para ser los primeros en comunicarlo a los demás, y mientras dura la cuestión de quién
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