donde no se encuentre, ni vida que de Ella no salga, por eso el dolor de mi Voluntad por quien
no la hace dominar en ella es inmenso e incalculable, sentir estas vidas en Sí misma, palpitantes,
formar el mismo latido y estarse fuera como extraña, como si no le pertenecieran, es la afrenta
y monstruosidad de aquellos que no la hacen reinar, y es tan grande, que merecerían la prisión
a trabajos forzados y la destrucción. Hija mía, el no hacer mi Voluntad, a las criaturas les parece
cosa de nada, en cambio es un mal tan grande y una ingratitud tan negra, que no hay otro mal
que lo iguale”.
(3) Después de esto estaba siguiendo mi giro en el Fiat Divino, y habiendo llegado al punto
cuando Dios creaba al hombre, pensaba entre mí: “¿Por qué se regocijó tanto al crearlo, cosa
que no hizo en todas las otras cosas que creó?” Y mi amado Jesús moviéndose en mi interior
me ha dicho:
(4) “Hija mía, al crear a toda la creación con tanto orden y armonía, Nosotros dimos de lo
nuestro sin que nada debiéramos recibir de ella, en cambio al crear al hombre, mientras dimos
de lo nuestro, le dábamos capacidad de darnos nuestros mismos dones como si fuesen bienes
suyos, en modo que Nosotros debíamos dar siempre, tanto, que se debía formar una
competencia entre él y Nosotros, Nosotros en dar y él en recibir, él a darnos y Nosotros a
sobreabundarlo de más de nuestros dones. Este dar y recibir, recibir y dar, abría las fiestas, los
juegos, las alegrías, las conversaciones entre Creador y criatura. Entonces, al ver la pequeñez
de la criatura festejar con nuestra Alteza Suprema, entretenerse, alegrarse, conversar con
Nosotros, sentimos tal alegría, tal énfasis de amor en el crear al hombre, que todas las otras
cosas creadas nos parecieron nada en comparación de la creación del hombre, y si todas
parecían bellas y dignas de nuestras obras, y corrió nuestro Amor en todas las cosas creadas,
fue porque debían servir para abundar en dones hacia el hombre, y de él esperábamos la
correspondencia del amor de todas las cosas creadas. Por eso toda nuestra alegría y gloria se
concentró en el hombre, y al crearlo poníamos entre él y Nosotros armonía de inteligencia,
armonía de luz, armonía de palabras, armonía de obras y pasos, y en el corazón armonía de
amor, así que en él corrían como tantos hilos eléctricos nuestros de armonía, por los cuales
Nosotros descendíamos en él, y él subía a Nosotros. He aquí el por qué tanto gozamos al crear
al hombre, y el dolor que nos dio al sustraerse de nuestra Voluntad fue tan grande, porque
rompió todas estas armonías, cambió nuestra fiesta en dolor para Nosotros y para él, destruyó
nuestros más altos designios, deformó nuestra imagen que en él habíamos creado, porque sólo
nuestra Voluntad Divina tenía virtud de mantener bella nuestra obra, con todas las armonías
queridas por Nosotros; quitada Ésta, el hombre es el ser más vil y degradado en toda la
Creación. Por eso hija mía, si quieres que todos tus sentidos armonicen con Nosotros, no salgas
jamás de mi Voluntad; si quieres recibir siempre de tu Creador y abrir las fiestas con Nosotros,
sea Ella sola tu vida, tu todo”.
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23-28
Enero 13, 1928
Dios al crear al hombre concentró todo en él, y cómo ahora regresa
al asalto y concentra en una de esta estirpe el primer acto de la
Creación para formar el reino de su Voluntad.
(1) Continúo mi abandono en el Querer Divino, con el desgarro casi continuo de la privación
de mi dulce Jesús. ¡Oh Dios! qué pena tremenda, cómo lloro mi pasado, su dulce sonrisa, sus
besos afectuosos, la suavidad de su voz, su belleza encantadora y raptora, sus castos abrazos,
sus tiernos latidos que con tanto amor hacía palpitar en mi latido, que me divinizaba y