con un solo acto, sólo Dios tiene esta virtud tan potente, que con un solo acto hace todo, abraza
todo, da el obrar a todo. Qué gran diferencia entre el carácter divino y el humano; el humano
hace muchos actos, muchas obras, pero queda siempre la criatura cercada en sus actos, parece
que no tienen luz para extenderse y difundirse a todos, que no tienen pies para caminar, donde
se hacen ahí quedan. Así que por cuanto una criatura deba hacer, sus actos son numerados,
restringidos, y por eso el carácter del obrar humano es tan disímil del obrar de la unidad divina
y de quien obra en ella, porque fácilmente queda anulada y sin germen de fecundidad. He aquí
el por qué quiero que el alma viva en la unidad de mi Voluntad, para hacer adquirir los caracteres
divinos, que son incancelables y eternos y como luz se difunden, se extienden, se multiplican,
se dan a todos, es más, tienen el primado sobre los actos de todos. Si tú supieras cuánto placer
toma la Divinidad al ver tu pequeñez subir en la unidad del acto único divino que jamás cesa,
para unir tus actos en nuestro acto solo, tú para darnos el tuyo y Nosotros para darte el nuestro
e imprimir en ti el carácter de nuestro acto solo, nos pones en fiesta y sentimos la felicidad, la
alegría de haber creado la Creación. Entonces, para ser más atenta, debes estar convencida
de que tu vivir en nuestro Querer es la fiesta que puede dar la criatura a su Creador, y por
cuantos actos haces en Él, tantas veces renuevas nuestras alegrías y nuestra felicidad por parte
tuya, y llevándonos en nuestro seno a toda la Creación, nos das la gloria y la correspondencia
del amor, porque fue creada por Nosotros”.
+ + + +
23-27
Enero 6, 1928
La Divina Voluntad es inmensa, y al sacar a las criaturas a la luz del día, las
retiene en Sí como tantas pequeñas habitaciones. Ingratitud de quien no
la hace reinar. Armonía entre Dios y el hombre; cómo siempre debía recibir
de Dios para darle siempre.
(1) Me sentía toda abandonada en el Querer Divino, su luz me investía por todas partes, y
mientras hacía mi giro en sus actos, mi adorable Jesús se ha movido en mi interior y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es inmensa, y al sacar a las criaturas a la luz del día, quedaban en mi
misma Voluntad como tantas pequeñas habitaciones formadas en Ella, en las cuales mi Querer
por derecho debía tener el régimen y el desarrollo de su Vida en cada una de estas pequeñas
habitaciones, pero mientras por bondad y liberalidad suya ha dado el espacio y todo lo que se
necesitaba para formar estas pequeñas habitaciones en Ella, las criaturas con ingratitud
horrenda no quieren dar el derecho de hacer habitar a mi Querer Divino en ellas, y con tantas
habitaciones que ha hecho formar en Ella, por cuantas son las criaturas, tiene el dolor de quedar
sin habitaciones, porque no le dan la entrada para habitar en ellas. Sucede a mi Voluntad, como
podría suceder a alguien si quisiera formar tantas habitaciones en el mar, o bien en la luz del
sol, y mientras el mar o la luz del sol dan el espacio para formar estas habitaciones en ellos, no
quisiera que el agua o la luz del sol tuvieran la primacía en estas habitaciones, ni darles el campo
de habitar y de tener el primer puesto de régimen. Si el mar y la luz tuvieran razón, sentirían tal
dolor, que el mar con sus olas habría investido estas habitaciones y derrumbándolas las habría
deshecho y sepultado en su seno, y la luz del sol las habría incinerado con su calor, para
deshacerse de estas indignas e ingratas habitaciones que le habían negado el ingreso. Sin
embargo, ni el mar, ni el sol le ha dado la vida, sino sólo el espacio; en cambio mi Voluntad
Divina ha dado vida y espacio a estas habitaciones de las criaturas en Ella, porque no hay punto