esto se hacía ver en mi interior como pequeño niño vestido de luz, en medio de un campo, y
tomaba luz de dentro de su seno y sembraba aquel campo con tantas gotitas de luz, estaba todo
en silencio y atento al trabajo, y viendo que yo quedaba maravillada por esto me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que tú piensas ahora lo pensabas desde que estabas escribiendo el
volumen 16°, o sea, que Yo debía cesar de hablar de mi Divina Voluntad, pero Yo no hacía otra
cosa que sembrar el campo de tu alma con tantas gotas de luz, que germinadas y fecundadas
en tu campo, de pequeñas luces se han cambiado en soles, estos soles son las tantas
manifestaciones sorprendentes que desde entonces hasta ahora te he hecho conocer acerca
de mi Voluntad. ¡Oh! cómo era bello el campo de tu alma investido por estos soles, uno más
bello que el otro, se ha transformado todo en campo divino, todo el Cielo estaba prendado por
este campo y mirándolo se sentía duplicar su felicidad. Ahora, quien ha sembrado tiene el
derecho de cosechar, y siendo campo divino, Yo soy el dueño y tengo el derecho no sólo de
cosechar sino de sembrarlo de nuevo, así que no estoy haciendo otra cosa que sembrarlo de
nuevo, ¿no ves cómo estoy todo atento al trabajo de arrojar semillas de luz en este campo, a fin
de que germinando salgan los nuevos soles de los conocimientos sobre mi Voluntad? El trabajo
conlleva el silencio, y mi silencio es calor, maduración y fecundidad para transformar las
pequeñas semillas de luz en soles más brillantes. Yo siempre trabajo en ti, ahora de un modo
y ahora de otro, el trabajo de mi Voluntad Divina es extenso y por eso estoy siempre ocupado y
te tengo ocupada, así que déjame hacer y sígueme”.
(3) Entonces yo sentía todo el peso del silencio de Jesús, me sentía sin fuerzas y casi
desmayar, y pensaba entre mí: “¿Por qué estos conocimientos sobre el Fiat Divino requieren
tanto trabajo de Jesús y tantos sacrificios?” Y Jesús regresando me ha estrechado fuertemente
entre sus brazos para fortificarme y ha agregado:
(4) “Hija mía, si Yo quisiese trabajar toda una eternidad para manifestar un solo conocimiento
sobre mi Divina Voluntad, no sería suficiente, porque es tal y tanto el valor de uno solo de ellos,
que si tú quisieras hacer una comparación para ver quién contiene más valor, el cielo estrellado,
el sol, el mar, la tierra, tiene más valor un solo conocimiento mío que toda la Creación junta,
porque mi conocimiento es de valor inmenso, infinito y sin límite, y como sale de Nosotros, a
donde llega genera y multiplica al infinito el bien y la luz que contiene, es la verdadera
regeneradora de la Vida Divina, en cambio la Creación no contiene una virtud inmensa y es
limitada, por esto no ahorro ni trabajos ni sacrificios, porque sé todo el valor que contiene cada
conocimiento, y donde lo pongo se vuelve para Mí mi campo divino, mi trono, mi altar, y es tanto
mi celo de amor que no la dejo jamás libre, y trabajo siempre para tenerla toda atenta a Mí;
además, qué decir si en lugar de una sola manifestación sobre mi Voluntad, son tantas, de llegar
a cubrirla más que cielo de tantos soles de Ella, piénsalo hija mía y aprecia un bien tan grande,
un germen tan fecundo en el campo de tu alma”.
(5) Después continuaba mis actos en el Querer Divino, y como era el amanecer estaba
diciendo a mi amable Jesús: “Tu Querer envuelve todo, y ¡oh! cómo quisiera que así como el
sol surge e inviste de luz a toda la tierra, así el Sol de tu Voluntad surja en las inteligencias, en
las palabras, en los corazones, obras y pasos de todas las criaturas, a fin de que cada una de
ellas sienta surgir en sí el Sol de tu Fiat, y haciéndose investir por su luz, todos la hagan dominar
y reinar en sus almas”. Mientras tanto mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(6) “Hija mía, en el alma hay dos caracteres: El humano y el divino. El divino desciende de
la unidad, y el alma para recibir el carácter divino debe vivir en la unidad de mi Querer; en esta
unidad, conforme ella forma sus actos, suben en la unidad de su Creador, en aquel acto único
de Dios, que mientras en Dios mismo viene formado un solo acto, la luz de este acto solo
desciende a lo bajo, inviste a todos y a todo, y abrazando todo da a cada uno el acto que se
necesita, con multiplicar al infinito la multiplicidad de todos los actos posibles e imaginables,
entonces, en cuanto la criatura hace sus actos en esta unidad, adquieren los caracteres divinos,
que mientras es un solo acto, encierran todos los actos juntos. ¡Oh!, cómo es bello hacer todo