tan cruelmente. Pero mientras nadaba en mi dolor, estaba pensando cuando mi dulce Jesús
estaba por salir del seno de su amada Mamá para lanzarse en sus brazos; ¡oh, cómo habría
querido también yo estrecharlo entre mis brazos para formarle dulces cadenas para hacer que
no se alejara de mí! Pero mientras esto pensaba, mi pobre mente me la he sentido fuera de mí
misma y veía a mi Madre Celestial toda velada de luz y en sus brazos al niñito Jesús fundido en
la misma luz; pero todo duró sólo pocos instantes y todo desapareció, y yo he quedado más
afligida que antes, pero después ha regresado, y poniendo sus pequeñas manitas en mi cuello
me ha dicho:
(2) “Hija mía, en cuanto salí del seno de mi Mamá Yo fijé mis miradas: Una en mi amada
Mamá, no pude hacer menos que mirarla porque estaba en Ella la fuerza raptora de mi Voluntad
Divina y el dulce encanto de la belleza y luz fulgidísima de mi Fiat, que eclipsándome la pupila,
quedaba fijo en Aquella que poseía en virtud de Él mi misma Vida; el ver mi Vida bilocada en
Ella me raptaba y no podía apartar mi mirada de la Celestial Reina, porque mi misma fuerza
divina me obligaba a fijarla. La otra mirada la fije en quien debía hacer y poseer mi Voluntad;
eran dos anillos unidos juntos, uno la Redención y otro el reino de mi Voluntad Divina,
inseparables entre ellos. La Redención debía preparar, sufrir, hacer; el reino del Fiat debía
cumplir y poseer, la una y el otro de suma importancia, por eso a las elegidas, a las cuales venía
confiado la una y el otro, venían fijadas mis miradas, porque estaba en ellas mi misma Voluntad
que raptaba mi pupila. ¿Por qué entonces temes si tienes la mirada de tu Jesús que siempre te
mira, te defiende, te protege? Si supieras qué significa ser mirado por Mí, no temerías más de
nada”.
(3) Después de esto seguía pensando en la Divina Voluntad, y mi siempre amable Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, cuando nuestra Divinidad formó la Creación, puso como materia prima en todas
las cosas la Divina Voluntad, y por eso todas las cosas tuvieron su forma, solidez, orden y
belleza, y todo lo que hace el alma con esta materia prima de mi Voluntad, corriendo en ella un
acto vital, da a todo lo que hace la forma de las bellas obras, todas ordenadas y sólidas, con la
marca en cada obra de la Vida del Fiat Divino. En cambio quien no hace mi Voluntad y no la
pone como materia prima en sus obras, tal vez hará muchas cosas, pero todas desordenadas,
sin forma, sin belleza, todas desparpajadas, que ella misma no sabrá reunirlas; sucedería como
si alguien quisiera hacer el pan sin el agua, quizá tenga mucha harina, pero faltando el agua
faltaría la vida para poder formar el pan; otro tendría muchas piedras para construir, pero no
tiene la cal que reúne y solidifica las piedras juntas, así que tendrá un desorden de piedras, pero
jamás una habitación. Así son las obras sin la materia prima de mi Voluntad, solamente
estorban, dan fastidio, disturbio, y si algún bien hacen es aparente, si se tocan se encuentran
frágiles y vacías de todo bien”.
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23-26
Diciembre 30, 1927
Jesús se hace ver que siembra en el campo del alma pequeñas luces.
Causa del silencio de Jesús. Valor inmenso de las manifestaciones
acerca de la Divina Voluntad. Caracteres divinos y humanos.
(1) Estaba según mi costumbre toda abandonada en el Querer Divino, siguiendo sus actos,
pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “Mi amado Jesús se ha reducido casi al silencio,
aun de su amable Querer habla tan poco, como si no quisiera decir más nada; quién sabe si no
ponga un límite y cesará de hablar aun sobre lo que respecta a su Fiat”. Mientras estaba en