y destruirlo por caminos de luz, de calor y de conocimientos, así que cada conocimiento que
manifiesto sobre mi Fiat Divino es un golpe que doy al querer humano, de modo que todos los
conocimientos sobre de Él formarán tantos golpes para hacerlo morir, y la Luz y el calor de Él
quemarán y pulverizarán el germen malo y formarán el germen bueno y santo de mi Voluntad
en las generaciones humanas. Y conforme voy manifestando los conocimientos sobre de Ella,
así arrojo en tu alma su germen, preparo la tierra y el desarrollo del germen, y la luz y el calor
de mi Querer Divino extienden sus alas de luz sobre el germen, más que una madre esconde a
su parto en su propio seno, para fecundarlo, multiplicarlo y hacerlo crecer en su seno de luz. Y
así como una criatura con hacer su voluntad humana produjo el germen malo y formó la ruina a
la familia humana, así otra criatura con hacer morir el querer humano producirá el germen del
Fiat Divino, dándole vida y dominio en ella restituirá lo que perdieron las criaturas y formará su
salvación, santidad y felicidad; si una criatura pudo formar tantos males con hacer su voluntad,
¿por qué no podrá formar otra criatura todos los bienes con hacer la mía, y dar libertad a mi
Querer de formar su Vida y su reino en ella?”
(3) Después continuaba pensando en el Fiat Divino y decía entre mí: “Pero cómo podrá venir
este reino del Querer Divino en medio de las criaturas si el pecado abunda, ninguno piensa en
querer este reino, más bien parece que piensan en guerras, en revoluciones, en poner en
trastorno a todo el mundo, y parece que se roen de rabia porque no logran del todo sus perversos
designios, y permanecen al acecho esperando la ocasión de lograrlo, ¿todo esto no aleja la
gracia de un bien tan grande?” Y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, te tengo a ti, que vales más que todo, y poniendo a un lado a todos, miraré tu
valor, esto es, el valor de mi Voluntad Divina en ti y dispondré mi reino en medio de las criaturas;
una persona vale según el valor que le viene confiado, si mi Voluntad contiene un valor infinito,
que supera todo el valor de todas las criaturas juntas, quien la posee, delante a la Majestad
Divina tiene el valor que supera todo, así que por ahora te tengo a ti, y me basta para disponer
el reino de mi Voluntad. Por eso todos los males de estos tiempos, y son demasiados, no
equivalen al gran valor de mi Voluntad Divina obrante en una sola criatura, y Ella se servirá de
estos males para hacer de ellos un manojo y con su potencia desterrarlos de la faz de la tierra.
Esto sucedió en la Redención, los males no estaban desterrados de la tierra, más bien
abundaban más que nunca, pero como vino sobre la tierra la Soberana Reina, la criatura que
poseía una Voluntad Divina en Ella, que encerraba todo el valor del bien de la Redención, no
mirando a los demás, ni a sus males, miré el valor de esta Celestial criatura, suficiente para
conseguir mi descenso a la tierra, y en vista de Ella sola, que poseía nuestras prerrogativas y el
valor de una Voluntad Divina e infinita, di y formé el reino de la Redención en medio de las
criaturas, por eso al disponer el bien de la Redención, quise encontrar en mi Mamá todo el valor
de Ella, quise poner al seguro en su corazón materno todos los bienes que debía encerrar mi
venida en medio a las criaturas y después concedí el bien que la Soberana del Cielo me pedía.
Hice como un príncipe cuando debe partir para hacer otras conquistas, escoge al más fiel, le
confía sus secretos, pone en sus manos todo el valor de los costos que se requieren para las
conquistas queridas, y fiándose sólo de éste que conoce, que posee todo el valor de las
deseadas conquistas, parte triunfante estando cierto de la victoria. Así hago Yo, cuando quiero
dar un bien a las criaturas primero me fío de una sola, pongo en ella todo el valor de aquel bien,
y después doy el bien que ella me pide para las otras criaturas. Por eso piensa en encerrar en
ti todo el valor que debe contener el reino de mi Voluntad, y Yo pensaré en disponer todo el resto
que se necesita para un bien tan grande”.
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