(3) Después de esto seguía pensando en la Divina Voluntad, portadora de tanto bien, y mi
dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, es tanto el amor hacia quien hace reinar y dominar a mi Fiat Divino, que a cada
acto que ella hace en Él, la Divinidad cede un derecho divino al alma, esto es, un derecho de
santidad, de luz, de gracia, de felicidad y con estos derechos vincula al alma y la vuelve
poseedora de los bienes divinos. Así que cada acto de más hecho en mi Querer Divino es una
firma que viene efectuada por tu Creador, como si te hiciera la escritura que te vuelve dueña de
su felicidad, de su luz, santidad y gracia suya. Sucede como cuando un rico ama a una pobre,
la cual no sale jamás de su casa, y si sale es sólo para visitar las propiedades de su amo, para
llevar a su amo los frutos de sus propiedades para hacerlo feliz con sus mismos bienes. El rico
mira a la pobre, se enamora de ella, la ve feliz en su casa, pero para estar seguro de la felicidad
de aquélla, hace escritura pública de sus bienes a la pobre que le ha herido el corazón, que está
siempre en su casa y se sirve de sus mismos bienes para volver feliz a su amado amo. Así es
para quien vive en nuestra Voluntad Divina, vive en nuestra casa, se sirve de nuestros bienes
para glorificarnos y hacernos felices, su disparidad entre ella y Nosotros nos daría pena, nos
pesaría sobre nuestro corazón paterno, pero como en nuestro Querer Divino no pueden entrar
penas e infelicidad, la hacemos de magnánimos, y a cada acto suyo ponemos nuestra firma,
escriturándole nuestros bienes para volverla rica y feliz de nuestra misma felicidad, por eso te
repito frecuentemente: ‘Sé atenta hija mía, no dejes huir nada.’ Porque cada acto tuyo hecho
en Él son firmas que corren, y firmas divinas, con las cuales viene asegurado que la Voluntad
Divina es tuya y tú eres de Ella, los vínculos divinos jamás vienen a menos, son vínculos
eternos”.
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23-21
Diciembre 8, 1927
Quien vive en el Querer Divino queda regenerado en Él y es
dotado de sus bienes. La Virgen, pequeña luz, y cómo se
volvió Sol en virtud del Querer Divino.
(1) Estaba haciendo mi giro en toda la Creación para seguir todos los actos que el Fiat Divino
ejercita en ella, pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “Siento que no puedo hacer menos
que girar en toda la Creación, como si no pudiese estar si no hago mis pequeñas visitas al cielo,
a las estrellas, al sol, al mar y a todas las cosas creadas, como si un hilo eléctrico me atrajera
en medio a ellas para alabar la magnificencia de tantas obras y alabar y amar a aquella Voluntad
Divina que las creó y las tiene estrechadas como en su puño divino para conservarlas bellas y
frescas, tal y como las sacó a la luz del día, y pedir aquella misma vida y dominio que el Fiat
Divino tiene en ellas, en medio a las criaturas. ¿Y por qué no puedo hacer menos?” Pero
mientras esto pensaba, mi amado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, debes saber que tú has nacido no una vez, sino dos veces: Una vez como las
demás criaturas, la otra vez has sido regenerada en mi Voluntad, y siendo tú parto suyo, todo lo
que a Ella pertenece es tuyo, y así como el padre, la madre, dotan a su hija de sus mismos
bienes, así mi Querer Divino conforme te regeneró te dotó de sus propiedades divinas. Ahora,
¿quién no ama, quién no busca estar en medio a sus propiedades? ¿Quién no las visita
frecuentemente y forma su morada en ellas para gozárselas, amarlas y no terminar jamás de
exaltar la gloria de Aquél que la ha dotado de tan vastas propiedades, que contienen tan variadas
bellezas? Serías demasiado ingrata, ser hija de mi Querer Divino y no hacer tu morada en las