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Diciembre 6, 1927
Estado del alma. En la Voluntad Divina no entran el dolor y las amarguras
porque son partes humanas. Modo divino. Cómo la Voluntad Divina tiene
su Vida en medio de las criaturas, y cómo ellas la obstaculizan. Cada
acto hecho en Ella es una firma divina que corre; ejemplo.
(1) Continúa mi abandono en el Fiat Divino, y estando totalmente privada de mi Sumo Bien
Jesús, sentía tal amargura y dolor, de no saberlo expresar, pero al mismo tiempo sentía una paz
imperturbable y la felicidad de la luz del Supremo Querer. Entonces pensaba entre mí: “Qué
cambio en mi pobre alma, antes, si el bendito Jesús, por poco, incluso por horas me privaba de
Él, yo desvariaba, deliraba, me sentía la más infeliz de las criaturas, pero ahora todo al contrario,
estoy privada no por horas sino por días, y si bien siento un dolor intenso, penetrante hasta la
médula de los huesos, estoy sin desvariar, sin delirio, sin poder llorar, como si no tuviese más
lágrimas, toda pacífica, impávida y feliz. ¡Santo Dios, qué cambio! Me siento morir al pensar
ser feliz sin Jesús, pero mi felicidad no viene tocada, siento que la felicidad deja libre al dolor y
el dolor deja libre a la felicidad, cada una de ellas hace su curso, su camino, tienen su lugar,
pero no se mezclan. ¡Ah Jesús, Jesús! ¿Cómo es que no me ayudas, que no tienes piedad de
mí? ¿Por qué no corres, no vuelas a tu pequeña hija que tanto decías amar?” Pero mientras
desahogaba mi dolor se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, ¿por qué quieres turbar tu paz, tu felicidad? Debes saber que donde
reina mi Voluntad, Ella, cual noble Reina Divina posee alegrías inmensas y felicidad sin fin; el
dolor, las lágrimas, las amarguras, han nacido en el tiempo, son partos de la voluntad humana,
no han nacido en la eternidad ni son partos suyos, son limitados y finitos, por eso no tienen
poder para entrar mínimamente en el océano de las felicidades de mi Querer Divino; este es el
modo Divino. En este estado se encontró la Reina del Cielo, y mi misma Humanidad, en que
todos nuestros dolores, y fueron demasiados y de toda clase, no pudieron disminuir ni penetrar
en el colmo de nuestras interminables alegrías y felicidades. Así que al principio tus desvaríos,
tus lágrimas y disturbios cuando por un poco no me veías, eran residuos de tu voluntad humana,
la mía no admite estas debilidades, y como Ella por naturaleza no las posee, donde reina, como
Reina domina el dolor, lo hace correr, pero no admite que entre en la felicidad con la cual ha
llenado a su criatura al reinar en ella, el dolor no encontraría lugar donde ponerse en el mar
interminable de la felicidad de mi adorable Voluntad. Entonces tú no quieres que Ella reine en
ti, ya que te preocupas del cambio que sientes en tu alma. Mi Voluntad Divina tiene su Vida, y
cuando el alma abre las puertas de su voluntad para hacerla entrar y dominar, Ella entra en el
alma y desenvuelve su Vida toda Divina en ella, y como Reina que es forma en ella su Vida de
luz, de paz, de santidad, de felicidad, y la criatura siente como propiedades suyas todos sus
bienes, y si siente el dolor, lo siente en modo divino, que no le ocasiona ningún daño a todo lo
que mi Voluntad Divina le ha comunicado; en cambio, en quien no le abre las puertas para
hacerle entrar y dominar, la Vida de Ella queda suspendida en la criatura, obstaculizada, sin
desarrollo. Sucede para mi Fiat Divino como podría suceder para una criatura que quiere llevar
todos sus bienes a otra, y ésta con ingratitud horrenda le ata los pies y las manos para no dejarla
acercar, le cierra la boca para no dejarla hablar, le venda los ojos para no dejarse mirar; reducida
en tal modo, ¿cómo puede hacerle el bien que querría hacerle si le ata los pies para no dejarla
acercar, las manos para no recibir el bien que le lleva, la boca para no dejarla decir lo que le
lleva, si le venda los ojos para no dejarse atraer por sus miradas y abrirle las puertas? ¿Qué
dolor no sería esto para esta portadora de tanto bien? En este estado viene puesta mi Voluntad
por parte de las criaturas cuando no abren las puertas de su voluntad para dejarla desarrollar su
Vida. ¡Qué dolor hija mía, qué dolor!”
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