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Diciembre 1, 1927
Fortaleza de la Mamá Celestial en las privaciones de Jesús; fortaleza que
debe tener la pequeña hija de su Voluntad. Potencia de los actos hechos
en la Voluntad Divina, cómo son el desahogo de Dios.
(1) Me sentía totalmente privada de mi Sumo Bien Jesús y por cuanto lo buscaba no podía
encontrarlo. Me sentía torturada y amargada en modo indecible, mis palabras no pueden
expresar mi dolor, por eso sigo adelante. Después de largos días de martirio y de abandono en
aquel Fiat Divino, mi amado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, quiero en ti la misma fortaleza de ánimo de la Soberana Celestial, que llegó a
amar más la Divina Voluntad que a la misma Humanidad de su hijo Jesús. Cuántas veces el
Querer Divino nos ordenaba separarnos y Yo debía ir lejos de Ella, y Ella debía quedar sin Mí,
sin seguirme, pero Ella quedaba con tal fortaleza y paz, de llegar a preferir el Fiat Divino a su
mismo Hijo, tanto que Él raptado por tal fuerza, bilocaba el Sol de mi Voluntad Divina, y mientras
quedaba con mi Mamá, concentrado en Ella, quedaba concentrado en Mí, el Sol se bilocaba
pero la luz quedaba una, alargándose pero sin separarse jamás del uno y del otro centro del Sol
bilocado. La Soberana Reina todo había recibido de mi Voluntad, la plenitud de la gracia, la
santidad, la soberanía sobre todo, hasta la fecundidad para poder dar la vida a su Hijo, todo le
había dado y nada le había negado, entonces, cuando quería que Yo me alejase, como fortaleza
heroica devolvía a la Voluntad Divina lo que había recibido. Los Cielos quedaban estupefactos
al ver la fortaleza, el heroísmo de Aquélla que sabían que me amaba más que a su misma vida.
Así quisiera ver a la pequeña hija de mi Voluntad Divina: fuerte, pacífica y con heroísmo dar
nuevamente a mi Voluntad a tu Jesús cuando ella quiere que quedes privada de Él, no quisiera
verte abatida, triste, sino con la fortaleza de la Mamá Celestial y así como para la Soberana del
Cielo la separación era externamente y aparentemente, pero internamente mi Querer Divino nos
tenía fundidos juntos e inseparables, así sucederá de ti, mi Querer te tendrá fundida en Mí y
haremos juntos los mismos actos, sin separarnos jamás”.
(3) Después de esto seguía mis actos en el Fiat Divino y sintiendo que no los hacía bien,
rogaba a mi Mamá Celestial que viniera en mi ayuda, a fin de que pudiera seguir a aquél Querer
Supremo que Ella había amado tanto y del cual reconocía toda su gloria y altura en la cual se
encuentra; pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, todos los actos de mi Madre Reina hechos en mi Voluntad, están a la expectativa
porque quieren el séquito de los actos de la criatura hechos en Ella, así que todo lo que tú haces
en mi Querer, son estos actos que te vienen en ayuda, es más, se alinean en torno a ti para
suministrarte, quién la luz, quién la gracia, quién la santidad y quién el acto mismo que tú haces,
para poder tener el séquito de estos actos nobles, santos y divinos; estos actos son la
desembocadura de Dios, que desahogándolos, la criatura se llena tanto que no pudiéndolos
contener los desahoga de nuevo y da sus actos divinos a su Creador, por eso forman la gloria
más grande que la criatura puede dar a Aquél que la ha creado, no hay bien que no descienda
por medio de estos actos hechos en el Querer Divino, ponen todo en movimiento, Cielos y tierra
y el mismo Dios son el movimiento divino en la criatura, y fue en virtud de estos actos que la
Celestial Soberana hizo mover al Verbo a descender sobre la tierra, por eso Ella espera el
séquito de sus actos para mover a Dios para hacer venir a reinar a nuestra Suprema Voluntad
sobre la tierra. Ellos son el triunfo de Dios sobre la criatura y las armas divinas con las cuales
la criatura vence a Dios. Por eso sigue tus actos en mi Voluntad y tendrás en tu poder las ayudas
divinas, como también las de la Soberana Reina”.
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