cómo es noble y larga la generación de los hijos de la Celestial Reina, Ella generó a todos en
aquel Fiat Divino que todo puede y todo encierra, así que mi Divina Voluntad eleva a la criatura
y la vuelve partícipe de la fecundidad de la Paternidad Celeste; qué potencia, ¿cuántos sublimes
misterios no posee?”
(3) Después continuaba mis actos en el Fiat Divino y ofrecía todo para obtener su reino sobre
la tierra, quería investir a toda la Creación, animar todas las cosas creadas con mi voz, a fin de
que todas dijeran junto conmigo: “Fiat Voluntas Tua come in Cielo cosí in Terra, pronto, pronto,
venga tu reino”. Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “Cómo puede venir este reino tan
santo a la tierra, en las criaturas no hay ningún cambio, ninguno se ocupa, el pecado, las
pasiones abundan, ¿cómo podrá entonces venir este reino a la tierra? Y Jesús moviéndose en
mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, lo que es más necesario para obtener un bien tan grande como es el reino de
mi Fiat Divino, es mover a Dios para hacerlo decidir dar mi Voluntad Divina reinante en medio a
las criaturas, cuando se mueve Dios y decide, todo supera y vence aun a los mismos males; y
la otra cosa necesaria es que la criatura que lo busca y ruega a Dios el dar un bien tan grande,
debe poseer en ella la vida del reino que pide para las otras criaturas. Quien lo posee conocerá
la importancia y no omitirá sacrificios para conseguir a los demás el bien que posee, conocerá
los secretos, los caminos que debe tener, se volverá importuno para vencer al mismo Dios; ella
será como sol que tiene restringido en sí toda la plenitud de su luz, y no pudiendo contenerla en
sí siente la necesidad de expandirla fuera para dar luz a todos y hacer bien a todos, para
volverlos felices de su misma felicidad. Quien tiene un bien tiene virtud de pedirlo y de darlo;
esto sucedió en la Redención, el pecado inundaba la tierra, el mismo pueblo llamado pueblo de
Dios, era el más pequeño pueblo, y que si parecía que se ocupaba era en modo superficial, pero
no que poseían en ellos la vida de aquel Redentor que pedían, se puede decir que se ocupaban
como se ocupa hoy la Iglesia, las personas sagradas y religiosas con recitar el Padre Nuestro,
pero la plenitud de la vida de mi Voluntad que pedían en el Padre Nuestro no está en ellos, así
que la petición se queda en palabras, no en hechos; por eso cuando vino la Reina del Cielo que
poseía la plenitud de la Vida Divina, todo lo que pedía para el bien de los pueblos movió a Dios,
lo venció, lo hizo decidir, y a pesar de los males que existían vino el Verbo Eterno a la tierra por
medio de Aquélla que ya lo poseía y formaba toda su vida; con la plenitud de esta Vida Divina
pudo mover a Dios y vino el bien de la Redención. Lo que todos los demás no pudieron obtener
todos juntos, lo obtuvo Aquélla, la Soberana Reina que había conquistado, primero en Sí misma
a su Creador, la plenitud de todos los bienes que pedía para los demás, y siendo conquistadora
tenía virtud de poder conseguir y dar el bien que poseía. Hay gran diferencia hija mía, entre
quien pide y posee, y quien pide y no posee la Vida Divina; la primera pide con derecho, la
segunda a título de limosna, y a quien pide a título de limosna se dan las monedas, a lo más
algunas liras, pero no reinos enteros; en cambio quien pide con derecho posee, es ya dueña,
reina, y quien es reina puede dar el reino, y siendo reina tiene su imperio divino en Dios para
conseguir el reino a las criaturas. Así sucederá para el reino de mi Voluntad, por eso te
recomiendo tanto que seas atenta, haz que Ella forme la plenitud de su Vida en ti, así podrás
mover a Dios, y cuando Dios se mueve no hay quien lo resista”.
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