eco, una sola Voluntad, una sola súplica. Y todos los bienaventurados, admirados dicen entre
ellos: ‘¿Quien es aquélla que lleva todo el cortejo de las obras divinas ante la Divinidad, y con
la potencia del Fiat Divino que posee nos arrolla a todos y nos hace pedir un reino tan santo?'
Ninguno ha tenido esta potencia, ninguno ha pedido hasta ahora el reino del Fiat con tal potencia
e imperio, a lo más, quien ha pedido la gloria de Dios, quien la salvación de las almas, quien la
reparación de tantas ofensas, cosas todas que se refieren a las obras externas de Dios, en
cambio el pedir el reino del Querer Divino son sus obras internas, los actos más íntimos de Dios
y la destrucción del pecado, esto no es sólo la salvación, sino la santidad divina en las criaturas,
es la liberación de todos los males espirituales y corporales y el transportar la tierra al Cielo para
poder hacer descender el Cielo a la tierra’. Por eso el pedir el reino de mi Voluntad Divina es la
cosa más grande, más perfecta, más santa, y por eso todos reverentes responden a tu eco y
resuena en la patria celestial la bella armonía: Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra”.
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23-18
Noviembre 27, 1927
Quien se hace dominar por la Voluntad Divina, en virtud de Ella recibe
en sí la Fecundidad divina y puede generar en los demás el bien que posee.
Lo que es necesario para obtener el reino de la Divina Voluntad: Primero,
mover a Dios; segundo, poseer como vida a la Divina Voluntad.
(1) Mi abandono en el Querer Divino es continuo, y si bien muchas veces me esconde y eclipsa
a mi amado Jesús, mi vida, mi todo, la Divina Voluntad no se esconde jamás, su luz es
permanente en mí y me parece que aunque se quisiera esconder no lo puede hacer, porque
encontrándose su luz por todas partes, no encuentra lugar a donde poder huir, restringirse,
porque por su naturaleza es inmensa, inviste todo, señorea sobre todo con tal imperio, que la
siento en cada fibra de mi corazón, me corre en el respiro, en todo, y yo pienso entre mí que me
quiere más el Querer Divino que el mismo Jesús, porque Él frecuentemente me deja y su
adorable Voluntad no me deja jamás, es más, por su propia naturaleza se encuentra en
condición de no poderme dejar y con su imperio de luz me domina y triunfante espera el primado
en mis actos. ¡Oh! Voluntad Divina, cómo eres admirable, tu luz no deja huir nada, y acariciando
y jugando con mi pequeñez te vuelves conquistadora de mi pequeño átomo y gozas perdiéndolo
en la inmensidad de tu luz interminable. Pero mientras me sentía toda inmersa en su luz, mi
amado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien se hace dominar por mi Querer Divino, en virtud de Él recibe la virtud de
la fecundidad divina, y con esta fecundidad puede generar en los demás lo que ella posee, con
esta fecundidad divina el alma forma la más bella y larga generación, que le llevará la gloria, el
cortejo de tener tantos partos generados en sus mismos actos, verá salir de dentro de ella la
generación de los hijos de la luz, de la felicidad, de la santidad divina. ¡Oh! cómo es bella, santa
y pura la fecundidad del germen de mi Querer Divino, es luz y genera luz, es santa y genera la
santidad, es fuerte y genera la fuerza, posee todos los bienes y genera paz, alegría y felicidad.
¿Si tú supieras qué bien llevará a ti y después a todos el germen fecundo de este Querer tan
santo, que sabe y puede generar a cada instante todos los bienes que posee? Fue así como la
alteza de la Soberana Reina pudo generar al Verbo Eterno sin obra de otros, porque no dando
vida a su querer humano, sólo dio vida al Querer Divino, y con esto adquirió la plenitud del
germen de la fecundidad divina y pudo generar a Aquél que Cielo y tierra no podían contener, y
no sólo lo pudo generar en Sí, en su seno materno, sino lo pudo generar en todas las criaturas;