(2) “Mi pequeña hija, tú debes saber que nuestro amor se desbordó en la Creación, y
desbordando fuera de Nosotros, sin que ninguno hubiera merecido tanto bien, ni siquiera con
una sola palabra, nuestra suma bondad y liberalidad sin límites creó con tanta magnificencia,
orden y armonía toda la maquina del universo por amor de quien aún no existía, después de
esto nuestro amor desbordó más fuerte y creamos a aquél por el cual todas las cosas fueron
creadas, y como Nosotros en el obrar obramos siempre con magnanimidad inalcanzable, y
mientras damos todo no nos agotamos, de modo que nada debe faltar a nuestra obra de
magnificencia, de grandeza y de todos los bienes, al crear al hombre, sin que él tuviera ningún
mérito, por dote, por fundamento, por sustancia de todos los bienes, alegrías y felicidades, le
dimos por reino nuestra Voluntad, a fin de que nada le faltase, teniendo a su disposición una
Voluntad Divina, y junto con Ella nuestro Ser Supremo. ¿Qué honor hubiera sido para Nosotros
si la obra de la Creación hubiese sido pobre, mísera de luz, sin la multiplicidad de tantas cosas
creadas, sin orden y sin armonía, y nuestro amado joyel, nuestro amado hijo, cual es el hombre,
sin la plenitud de los bienes de Aquél que lo había creado? No habría sido honor para quien
todo posee y todo puede, el hacer una obra incompleta, mucho más que nuestro amor
desbordando fuerte, fuerte, más que olas impetuosas quería dar, desahogar cuanto más podía,
hasta llenar a nuestro amado joyel de todos los bienes posibles e imaginables y formar mares
en torno a él, que desbordaban de él mismo, que habían sido puestos en él por su Creador.
(3) Y si el hombre lo perdió, fue él el que rechazó por su propia voluntad el reino de mi
Voluntad, su dote y la sustancia de su felicidad. Ahora como en la Creación, mi Amor regurgita
fuerte, y el reino de mi Voluntad ha decidido que quiere su Vida en medio de las criaturas, y por
esto desahogando con toda magnificencia sin mirar a los méritos de ellos, con magnanimidad
insuperable quiere dar de nuevo su reino, solamente que quiere que las criaturas lo sepan,
conozcan sus bienes, a fin de que conociéndolos suspiren y quieran el reino de la santidad, de
la luz y de la felicidad, y así como una voluntad lo rechazó, así otra voluntad lo llame, lo suspire,
lo urja a venir y reinar en medio a las criaturas; he aquí el por qué de la necesidad de sus
conocimientos, pues si un bien no se conoce, ni se quiere ni se ama; por eso estos
conocimientos serán los mensajeros, los heraldos que anunciarán mi reino. Mis conocimientos
acerca de mi Fiat se pondrán en actitud, ahora de soles, ahora de truenos, ahora de relámpagos
de luz, ahora de vientos impetuosos, que llamarán la atención de los doctos y de los ignorantes,
de los buenos y aun de los malos, que como centellas caerán en sus corazones, y con fuerza
irresistible los derrumbará para hacerlos resurgir en el bien de los conocimientos adquiridos,
formarán la verdadera renovación en el mundo, tomarán todas las actitudes para atraer y vencer
a las criaturas, poniéndose ahora en actitud de pacificadores que quieren el beso de las criaturas
para darles el suyo, para olvidar todo el pasado y recordarse sólo de amarse juntos y hacerse
felices mutuamente; ahora en actitud de guerreros convencidos de su victoria, para volver cierta
la conquista que quieren hacer de quien los conoce; ahora como plegarias incesantes que sólo
cesarán de suplicar cuando las criaturas vencidas por los conocimientos de mi Querer Divino
digan: ‘Has vencido, somos ya presa de tu reino’; ahora en actitud de rey dominante y emanante
de amor, tanto, que plegarán la frente para hacerse dominar; ¿qué cosa no hará mi Voluntad?
Pondrá toda su potencia en actitud para venir a reinar en medio a las criaturas, Ella posee una
belleza raptora, que si se hace ver una sola vez con claridad, rapta, embellece arrojando sus
olas de bellezas sobre el alma, de modo que difícilmente podrán olvidar una belleza tan rara,
permanecerán como en el laberinto de su belleza y no podrán salir; posee una potencia
encantadora y el alma queda fija en su dulce encanto; posee un aire balsámico, que respirado
sentirán entrar en ellos el aire de la paz, de la santidad, de la armonía divina, de la felicidad, de
la luz que todo purifica, del amor que todo quema, de la potencia que todo conquista, de modo
que este aire llevará el bálsamo celestial a todos los males producidos por el aire malsano,
morboso y asesino de la voluntad humana. Mira, también en la vida humana el aire obra en
modo sorprendente: Si el aire es puro, bueno, sano, perfumado, la respiración es libre, la