(5) Después de esto estaba siguiendo mi giro en el Querer Divino, y poniéndome en el Edén
para estar presente cuando la Majestad Divina, habiendo formado la bella estatua del hombre
le estaba dando la vida infundiéndole el respiro con su aliento omnipotente, para poder glorificar
a mi Creador en un acto tan solemne, amarlo, adorarlo y agradecerle por un amor tan excesivo
y desbordante hacia el hombre, y mi divino Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(6) “Hija mía, este acto de formar y de infundir la vida en el hombre con nuestro aliento
omnipotente, fue tan tierno, conmovedor y de alegría tan grande para Nosotros, que todo nuestro
Ser Divino desbordó fuera tanto en amor, que con fuerza raptora raptó nuestras cualidades
divinas para infundirlas en el hombre; al infundirle el respiro todo vertimos en él, y al darle nuestro
aliento poníamos nuestro Ser Supremo en comunicación con él, en modo de volverlo inseparable
de Nosotros. Este nuestro aliento no cesó jamás, porque si en la creación de todo el universo
fue nuestra Voluntad la que se constituía vida de todo, en el hombre no sólo se daba nuestro
Fiat, sino que junto con nuestro aliento se daba a él la misma Vida nuestra, y este nuestro aliento
aún no cesa, para continuar la generación de las otras criaturas para volverlas inseparables de
Nosotros. Es tanto nuestro Amor cuando hacemos una obra, que hecha una vez queda la actitud
de hacerla siempre, por eso la ingratitud del hombre es grande, porque desconoce, desprecia,
ofende esta nuestra Vida en él mismo, y así como cuando se emite el aliento para respirar, se
pone fuera y se vuelve a meter para poder nuevamente dar el aliento, en el acto de darle el
aliento nos damos Nosotros a él, y al volver a meter el aliento metemos al hombre en Nosotros,
y no sintiéndolo venir en Nosotros, porque su voluntad no está con Nosotros, sentimos todo el
peso de la ingratitud humana. He aquí el por qué te llamamos a ti, para darte nuestro aliento
incesante, a fin de que, conforme lo metamos para sacarlo de nuevo, te sintamos venir en
Nosotros para recibir el cumplimiento de nuestra Voluntad en el acto solemne de sacar nuestro
aliento regenerador para generar a las criaturas”.
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23-11
Octubre 30, 1927
Cómo el Amor divino se desbordó en la Creación. Liberalidad y magnificencia
de Dios al crear la maquina del universo, especialmente al crear a su amado
joyel sin mérito de ninguno. Decisión de la Divina Voluntad en querer venir a
reinar en medio de las criaturas. Su aire balsámico, su belleza
encantadora y raptora. Lo que harán sus conocimientos.
(1) Me sentía toda abandonada en el Fiat Divino, y mi pobre mente me la sentía como
empapada por la luz de su santidad, belleza y felicidad indescriptibles. Poseer la fuente de todos
los bienes, gozar el abismo de los mares infinitos de todas las alegrías y poseer todos los
atractivos de las bellezas inagotables, de las bellezas divinas, hasta llegar hacer enamorar al
mismo Dios, y vivir en el Querer Divino haciéndolo reinar en el alma, es todo lo mismo. Voluntad
de Dios, cómo eres amable, adorable, deseable más que la misma vida, tu reinar es reino de
luz, que tiene fuerza para vaciarme de lo que a su luz no pertenece; es reino de santidad y me
transforma no en la santidad de los santos, sino en la santidad de mi Creador; es reino de
felicidad y de alegría, y me pone en fuga todas las amarguras, los fastidios, el tedio. ¿Pero
cómo pueden disponerse las criaturas, merecer recibir un reino tan santo? Ahora, mientras esto
pensaba y mi pobre mente nadaba en el abismo del mar del Fiat Divino, mi amable Jesús ha
salido de dentro de mi interior, y estrechándome a Sí, todo ternura me ha dicho: