3-22
Diciembre 30, 1899
Efectos de la humillación y la mortificación.
(1) Esta mañana en cuanto he visto a mi adorable Jesús, y como la obediencia me había dicho
que rezara por una persona, por eso en cuanto Jesús ha venido, se la he encomendado, y Él
me ha dicho:
(2) “La humillación no sólo se debe aceptar, sino también amarla, tanto como para masticarla
como un alimento, y como cuando un alimento es amargo, por cuanto más se mastica tanto más
se siente la amargura, así la humillación bien masticada hace nacer la mortificación, y estos son
dos potentísimos medios, esto es, la humillación y la mortificación, para salvar ciertos obstáculos
y obtener las gracias que se necesitan. Y mientras parecen dañinos a la naturaleza humana,
como el alimento amargo parece que quiera causar más mal que bien, así la humillación y la
mortificación, pero no. Cuando el fierro es más golpeado sobre el yunque, tanto más arroja
chispas de fuego y queda puro, así el alma, cuanto más es humillada y golpeada bajo el yunque
de la mortificación, tanto más arroja chispas de fuego celestial, y queda purgada si
verdaderamente quiere caminar la vía del bien; pero si es falsa sucede todo lo contrario”.
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3-23
Enero 1, 1900
Efecto del conocimiento de sí mismo.
(1) Encontrándome muy afligida por la privación de mi sumo y único Bien, después de mucho
esperar y esperar, finalmente lo he visto salir llorando de dentro de mi corazón, haciéndome
señal con los ojos que le dolía la herida hecha en la circuncisión, y por eso lloraba, y que
esperaba de mí que le secara la sangre que corría de la herida y endulzara el dolor del corte.
Yo era toda compasión y confusión al mismo tiempo, tanto que no me atrevía a hacerlo, pero
atraída por el amor, no sé como me he encontrado un trapo en la mano y he tratado por cuanto
he podido de limpiar la sangre al niño Jesús. Mientras esto hacía, me sentía toda llena de
pecado, y pensaba que yo era la causa de ese dolor de Jesús. ¡Oh, cómo me daba pena, me
sentía absorbida en aquella amargura, y el bendito niño compadeciendo mi miserable estado
me ha dicho:
(2) “Por cuanto más el alma se humilla y se conoce a sí misma, tanto más se acerca a la
verdad, y encontrándose en la verdad busca dirigirse al camino de las virtudes, del cual se ve
muy lejana, y si ve que se encuentra en este camino, pronto descubre lo mucho que le queda
por hacer, porque las virtudes no tienen término, son infinitas como soy Yo. Entonces, el alma
encontrándose en la verdad, busca siempre perfeccionarse, pero jamás llegará a verse perfecta,
y esto le sirve y hará que el alma esté continuamente trabajando, esforzándose para
mayormente perfeccionarse, sin perder el tiempo en ociosidades; y Yo, complaciéndome de este
trabajo, poco a poco la voy retocando para pintar en ella mi semejanza. He aquí el por qué quise
ser circuncidado, para dar un ejemplo de grandísima humildad, que hizo desconcertar a los
mismos ángeles del Cielo”.
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