en ellos extendía su reino. Por eso cada acto suyo hecho en esta plenitud de bienes divinos
tenía tal valor, que ningún otro, por cuanto se sacrificase, sufriese u obrase el bien, pero que no
poseyese el reino de mi Voluntad y su total dominio, puede compararse a uno solo de estos
actos en el reino de Ella. Por eso la gloria, el amor que me dio Adán mientras vivió en el reino
de mi Divino Querer, ninguno, ninguno me los ha dado, porque él en sus actos me daba la
plenitud y totalidad de todos los bienes y sólo en mi Voluntad se encuentran estos actos, fuera
de Ella no existen, por eso Adán tenía sus riquezas, sus actos de valor infinito que le participaba
mi eterno Querer delante a la Divinidad, porque Dios al crearlo nada de vacío había dejado en
él, sino todo era plenitud divina por cuanto a criatura era posible contener. Ahora, al caer en el
pecado no fueron destruidos estos actos, estas sus riquezas, esta gloria y amor perfectos que
había dado a su Creador, más bien en virtud de ellos y de su obrar hecho en mi Fiat Divino
mereció la Redención. No, no podía quedar sin redención quien había, aun por poco tiempo,
poseído el reino de mi Voluntad. Quien posee este reino entra en tales vínculos y derechos con
Dios, que Dios mismo siente en él la fuerza de sus mismas cadenas, que atándolo no puede
separarse de él. Nuestra Majestad adorable se encontraba con Adán en las condiciones de un
padre que teniendo un hijo, éste le ha sido causa de tantas conquistas, de grandes riquezas, de
gloria incalculable, no hay cosa que posea el padre donde no encuentre los actos de su hijo,
dondequiera siente resonar la gloria, el amor de su hijo; ahora, este hijo por su desventura cae
en pobreza, ¿puede acaso el padre no tener compasión de su hijo, si donde quiera y en todo
siente el amor, la gloria, las riquezas con las cuales lo ha circundado su hijo? Hija mía, Adán
con vivir en el reino de nuestra Voluntad había penetrado en nuestros confines, que son
interminables, y dondequiera había puesto sus actos, su gloria, su amor para su Creador, y como
hijo nuestro con sus actos que hacía nos traía nuestras riquezas, nuestras alegrías, la gloria y
amor nuestros, su eco resonaba en todo nuestro Ser, como el nuestro en el suyo; ahora, viéndolo
caído en la pobreza, ¿cómo nuestro amor podía soportar el no tener compasión de él, si nuestra
misma Voluntad Divina nos hacía la guerra amorosamente e intercedía por aquél que había
vivido en Ella? ¿Ves entonces qué significa vivir en mi Querer Divino, su gran importancia? En
Ella está la plenitud de todos los bienes divinos y la totalidad de todos los actos posibles e
imaginables, abraza todo el Ser Divino. El alma se encuentra en mi Voluntad como el ojo se
encuentra de frente al sol, que queda todo lleno de su luz, y mientras el sol se refleja todo entero
en la pupila del ojo, su luz permanece también fuera, invistiendo toda la persona y recorriendo
la tierra sin alejarse de dentro de la pupila, y mientras queda su luz en el ojo, quisiera llevar a la
pupila al sol para hacerla hacer junto con él el giro de la tierra y hacerle hacer lo que hace la luz
y recibir sus actos por doquier como testimonio de amor y gloria. Esto es imagen del alma que
vive en mi Voluntad, Ella la llena de tal plenitud que no deja ningún vacío en ella, y como no es
capaz de poseer toda la inmensidad divina, la llena por cuanto más la criatura pudiese contener,
y sin separarse queda fuera de ella, llevándose en la interminabilidad de su luz la pupila de la
voluntad del alma para hacerla hacer lo que hace mi Divina Voluntad, para recibir la
correspondencia de sus actos y de su amor. ¡Oh! potencia de mi Fiat Divino obrante en la
criatura, que haciéndose investir por su luz no le niega su dominio y su reino. Y si Adán mereció
compasión fue porque la primera época de su vida fue en el reino del Querer Divino. Si la
Soberana Celestial pudo obtener, aunque estuviese sola, la venida del Verbo sobre la tierra, fue
porque dio libre campo al reino del Fiat Divino en Ella. Si mi misma Humanidad pudo formar el
reino de la Redención, fue sólo porque poseía toda la integridad e inmensidad del reino del
Eterno Querer, porque Él, dondequiera que se extiende todo abraza, todo puede, no existe
potencia contra de Él que pueda restringirlo. Así que uno solo que posea el reino de mi Voluntad
vale más que todo y que todos, y puede merecer y conseguir lo que todos los demás juntos no
pueden ni merecer, ni obtener, porque todos los demás juntos, por cuan buenos sean, pero sin
la Vida de mi Voluntad en ellos, son siempre las pequeñas llamitas, las plantitas, las florecitas,
que a lo más sirven para adornar la tierra, sujetas a marchitarse y secarse, y la bondad divina