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Septiembre 28, 1927
En la Divina Voluntad no puede haber imperfecciones, y se debe entrar
en Ella desnudo del todo. Quien no hace la Divina Voluntad destruye la
Vida Divina en sí, y esto es un delito que no merece piedad. Sólo la
Divina Voluntad es reposo. Castigos.
(1) Me sentía toda abandonada en el Fiat Supremo, pero en medio a la Santidad de un Querer
tan santo me sentía imperfecta, mala y pensaba entre mí: “¿Cómo puede ser que mi amado
Jesús me dice que me hace vivir dentro de su Querer Divino, y sin embargo me siento tan mala?”
Y mi adorado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, en mi Voluntad Divina no puede haber ni imperfecciones ni maldades, Ella tiene
la virtud purificadora y destructora de todos los males, su luz purifica, su fuego destruye hasta
la raíz del mal, su Santidad santifica y embellece, de manera que debe servir para hacerla feliz
y tomarse todas sus delicias con quien vive en Ella, no admite a vivir en mi Querer Divino a
criaturas que puedan llevar en ellas imperfecciones, amarguras, serían cosas contra su
naturaleza, y por eso jamás podría admitirlas a vivir en Ella; mas bien lo que tú dices son
impresiones de fealdad, de imperfecciones, de maldades, y mi Voluntad se sirve de ellas como
escabel o tierra que se tiene debajo de los pies, que ni siquiera las mira y sólo piensa en gozarse
a su pequeña hija y en ponerle en su regazo sus actos, sus alegrías, sus riquezas para volverla
feliz, y así poder gozar de la felicidad de ella. Mi Voluntad da lo que tiene y no admite en Ella
cosas que no le pertenezcan, aun mínimas, por eso quien quiere vivir en Ella debe entrar
desnudo del todo, porque la primera cosa que hace mi Querer es vestir al alma de luz,
embellecerla con adornos divinos, imprime sobre la frente el beso de la paz perenne, de la
felicidad y de la firmeza; lo humano no tiene nada que hacer en Ella, no tiene ni vida ni lugar, y
el alma misma siente tal rechazo hacia lo que no pertenece a mi Querer, que daría la vida antes
que tomar parte en lo que no pertenece a la santidad de mi Divina Voluntad”.
(3) Después seguía mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado: “Hija mía,
mi Divina Voluntad fue dada desde el principio de la Creación como vida de las criaturas, y Ella
tomó el empeño de mantener esta su vida en ellas, integra, bella, en su pleno vigor,
suministrándole en cada acto de criatura un acto divino de Ella, un acto de la altura de su
santidad, de su luz, de su potencia y belleza. Ella se ponía a la expectativa esperando los actos
de las criaturas para darles de lo suyo, de modo de hacer en ellos un portento de Vida Divina
digna de su potencia y sabiduría. Para comprender esto basta sólo el decir que mi Querer Divino
debía formar tantas Vidas de Sí mismo en cada una de las criaturas, y por eso ponía en ejercicio
de trabajo toda su habilidad y cualidades infinitas que poseía. Cómo habrían sido bellas estas
Vidas Divinas en las criaturas, Nosotros mirándolas debíamos encontrar en ellas nuestro reflejo,
nuestra imagen, el eco de nuestra felicidad; ¡qué alegría, qué fiesta habría sido la Creación para
Nosotros y para las criaturas! Ahora tú debes saber que quien no hace mi Divina Voluntad y no
vive en Ella, quiere destruir la propia Vida Divina en ella, Vida que debían poseer. Destruir la
propia Vida, ¡qué delito! ¿Quién no condenaría a quien quisiera destruir la propia vida del
cuerpo, o bien a quien no quisiera tomar el alimento y se volviera débil, enfermo, inhábil para
todo? Así que quien no hace mi Voluntad destruye la propia Vida que la bondad divina quiere
darle, y quien la hace, pero no siempre y no vive en Ella, como le falta el alimento continuo y
suficiente, es el pobre enfermo, sin fuerza, débil, inhábil para hacer el verdadero bien, y si alguna
cosa parece que hace, es sin vida, con fatiga, porque es mi Querer el único que puede darle
vida; qué delito hija mía, qué delito, que no merece ninguna piedad”.
(4) Mi amado Jesús se mostraba cansado y como intranquilo, tanto era el dolor de tantas
Vidas destruidas en las criaturas, también yo sentía por eso una pena y decía a Jesús: “Amor