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Septiembre 21, 1927
Cómo el alma que vive en el Querer Divino pone en ejercicio los
actos de Él. Cómo la verdad es vida perenne y milagro continuado.
(1) Estaba girando por toda la Creación y pedía en cada cosa creada el reino del Fiat Supremo,
y mi adorado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, como todas las cosas creadas están fijas en Dios, conforme tú en cada una de
ellas pides el reino de mi Divina Voluntad, así las cosas creadas se mueven en Dios y piden mi
reino, cada una de ellas forma su ola suplicante, el movimiento incesante para pedir lo que tú
quieres, y como las cosas creadas no son otra cosa que actos salidos de mi Divina Voluntad,
dando a cada acto un oficio, así tú, conforme pides mi reino en cada cosa creada, pones en
ejercicio todos los oficios de los actos de mi Supremo Querer en torno al Ente Divino, y haces
que nuestra bondad, nuestra potencia, nuestra justicia y misericordia, nuestro amor, nuestra
sabiduría, pidan el reino de nuestra Voluntad, porque cada cosa creada contiene, cada una, una
cualidad nuestra, y Nosotros sentimos que nos llegan una después de la otra, olas de bondad,
de potencia, de justicia, de misericordia, de amor, de sabiduría, que con modos divinos suplican,
ruegan, piden el reino del Fiat Divino en medio de las criaturas, y Nosotros al vernos tan
asediados por los mismos actos de nuestro Querer Divino, nos preguntamos: ‘¿Quién es aquélla
que mueve una Voluntad tan grande, con todos sus innumerables actos, a pedirnos que demos
nuestro reino a las criaturas?’ Y nuestros actos nos responden: ‘Es la pequeña hija del Eterno
Querer, es la hija de todos nosotros, que con tanto amor mueve nuestros actos a pedir lo que
todos queremos’. Y en el exceso de nuestro amor decimos: ‘¡Ah, es la pequeña hija de nuestro
Querer, déjenla hacer, a ella le es dado el penetrar dondequiera, déjenle libre el paso, porque
ella no hará otra cosa, ni pedirá sino lo que Nosotros queremos”.
(3) Después de esto estaba pensando en todo lo que mi adorado Jesús me había dicho acerca
de su Divina Voluntad, y como si quisiera otras pruebas más ciertas de que era Jesús el que me
hablaba. Entonces Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, no hay otra prueba más cierta y segura, y que pueda hacer más bien tanto a ti
como a los demás, que el haberte manifestado tantas verdades; la verdad es más que el milagro,
ella lleva consigo la Vida Divina permanente, y a donde llega, si hay alguien que la escuche,
biloca la verdad junto con su Vida para darse a quien la quiera. Por lo tanto mis verdades son
luz perenne, no sujeta a apagarse, y Vida que jamás muere. ¿Qué bien no puede producir una
verdad mía? Puede formar santos, puede convertir las almas, puede poner en fuga las tinieblas
y tiene virtud de renovar todo el mundo, por eso es que hago un milagro más grande cuando
manifiesto una verdad, que cuando doy otras pruebas de que soy Yo el que va al alma, o que si
hiciera otras cosas milagrosas, porque éstas son sombra de mi potencia, son luz pasajera, y
como es pasajera no lleva a todos la virtud milagrosa, sino que se reduce al individuo que ha
recibido el milagro, y muchas veces quien ha recibido el milagro ni siquiera se hace santo. En
cambio la verdad contiene la vida, y como vida lleva su virtud a quien la quiera. Ten por cierto
hija mía, que si Yo al venir a la tierra no hubiera dicho tantas verdades en el Evangelio, a pesar
de que hubiera hecho milagros, la Redención habría sido obstaculizada, sin desarrollo, porque
las gentes no encontrarían nada, ni enseñanzas, ni luz de verdad para aprender los remedios,
para encontrar el camino que conduce al Cielo. Así sería de ti si no te hubiera dicho tantas
verdades, especialmente sobre mi adorable Voluntad, que ha sido el más grande milagro que
he hecho en estos tiempos, ¿qué bien traería tu misión tan grande, confiada a ti, de hacer
conocer el reino del Fiat Supremo? En cambio con el haberte dicho tantas verdades acerca de
Él, se puede conocer mi Divina Voluntad en el mundo, puede ser restituido el orden, la paz, la