ser reconocido. El viento está lleno de cruces, cada ráfaga es un bien, que lleva a las criaturas,
éstas toman y gozan aquel bien pero no reconocen a Aquél que en el viento las acaricia, las
refresca, les purifica el aire y por eso se siente clavar clavos de ingratitud, y cruces a cada viento
que sopla. El agua, el mar, la tierra, están llenos de cruces formadas por el querer humano,
¿quién no se sirve del agua, del mar y de la tierra? Todos, sin embargo mi Querer que conserva
todo y es vida primaria de todas las cosas creadas no es reconocido, y sólo está en ellas para
recibir las cruces de la ingratitud humana, por eso las cruces de mi Querer son sin número y
más dolorosas que aquella de mi Humanidad; mucho más que a ésta no le faltan las almas
buenas que han comprendido su dolor, sus tormentos, las penas que me hicieron sufrir y también
la muerte, y me han compadecido y reparado por lo que Yo sufrí en mi vida mortal, en cambio
aquéllas de mi Fiat Divino son cruces que no se conocen y por lo tanto están sin compasión y
sin reparación, y por eso es tanto el dolor que siente mi Querer Divino en toda la Creación, que
hace estallar ahora a la tierra, ahora al mar, ahora al viento en dolor, y en su dolor descarga
flagelos de destrucción; es el extremo dolor de Él, que no pudiendo más golpea a aquellos que
no lo reconocen. He aquí el por qué te llamo frecuentemente a girar en toda la Creación, es
para hacerte conocer lo que mi Querer hace en ella, el dolor y las cruces que recibe de las
criaturas a fin de que tú lo reconozcas en cada cosa creada, lo ames, lo adores, lo agradezcas,
y seas la primera reparadora y consoladora de un Querer tan Santo, porque sólo quien vive en
mi Voluntad puede penetrar en sus actos y reconocer sus dolores, y con su misma potencia
volverse defensora y consoladora de mi Voluntad, que desde hace tantos siglos vive aislada y
crucificada en medio de la familia humana”.
(6) Entonces, mientras Jesús decía esto, yo miraba la Creación y la veía toda llena de cruces,
tantas que no se podían contar, y el Querer Divino conforme emitía sus actos fuera de Sí para
darlos a las criaturas, el querer humano ponía fuera su cruz para crucificar aquellos actos
divinos. ¡Qué dolor, qué pena! Y mi amado Jesús ha agregado:
(7) “Hija mía, mi eterno Fiat tuvo un acto incesante hacia las criaturas desde que creó toda la
Creación, pero estos actos suyos, porque faltaba en ellas mi Voluntad reinante, no fueron
recibidos por ellas y por eso quedaron suspendidos en toda la Creación en mi mismo Querer
Divino. Ahora, al venir Yo sobre la tierra mi primer interés fue el de retomar en Mí el acto
incesante de Él, que había quedado suspendido en Sí mismo porque no había podido tomar su
lugar en la criatura, y mi Humanidad unida al Verbo, primero debía dar lugar a este su acto
incesante, darle la satisfacción, y esta fue mi Pasión desconocida, la más prolongada y dolorosa,
y después me ocupé de la Redención. El primer acto en la criatura es la voluntad, todos los
demás actos, sean malos o buenos entran en el orden secundario, y por eso Yo debí primero
tener interés de poner a salvo, en Mí, todos los actos de mi Divina Voluntad, descender en lo
bajo de los actos humanos para reunir juntas la una y la Otra, a fin de que viendo puestos a
salvo sus actos, pudiese contentarla con las criaturas. Ahora, hoy te invito a retomar en ti estos
actos rechazados por las criaturas, porque mi Querer continúa con su acto incesante y queda
con el dolor de verlo suspendido en Sí mismo, porque no encuentra quien los reciba, ni quien
los quiera, ni quien los conozca, por eso sé atenta en trabajar y sufrir junto Conmigo para el
triunfo del reino de mi Divina Voluntad”.
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