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I. M. I.
Fiat!!!
23-1
Septiembre 17, 1927
Las penas son como el fierro forjado por el martillo, que echa chispas.
Diferencia entre la cruz de la Humanidad de Nuestro Señor y la
de la Divina Voluntad. El acto incesante del Querer Divino.
(1) Jesús mío, vida de mi pobre corazón, ven a sostener mi debilidad, soy una pequeña niña
aún y siento la necesidad extrema de que me tengas entre tus brazos, que guíes mi mano
mientras escribo, que pongas las palabras en mi boca, que me des tus pensamientos, tu luz, tu
amor y tu mismo Querer, y si no lo haces yo me estaré como niña caprichuda sin hacer nada.
Y si Tú amas tanto el hacer conocer tu Santísimo Querer, el primero en sacrificarse serás Tú,
yo entraré en orden secundario, por eso Amor mío transfórmame en Ti, quítame la torpeza,
porque siento que no puedo más, y yo seguiré cumpliendo tu eterno Querer aun a costa de mi
vida.
(2) Después, siguiendo mi abandono en la Divina Voluntad, me sentía bajo el yugo de las
penas, y mi amado Jesús estrechándome a Sí para darme la fuerza me ha dicho:
(3) “Hija mía, las penas son como el fierro forjado por el martillo, que lo hace centellear de luz
e inflamarse tanto, de cambiarse en fuego, y bajo los golpes que recibe pierde la dureza, se
reblandece, de modo que se le puede dar la forma que se quiere. Así es el alma, bajo los golpes
del dolor pierde la dureza, centellea luz, se transforma en mi amor y se vuelve fuego, y Yo,
artífice divino, encontrándola moldeable le doy la forma que quiero. ¡Oh! cómo me deleito en
hacerla bella, soy artífice celoso y quiero la gloria porque ninguno puede y sabe hacer mis
estatuas, mis vasos, tanto en la forma como en la belleza y mucho menos en la finura, y en la
luz que centellea las convierte todas en verdad. Así que cada golpe que le doy le preparo una
verdad para manifestar, porque cada golpe es una chispa que el alma pone fuera de sí, y Yo no
las pierdo como las pierde el artífice al golpear el fierro, sino que me sirvo de ellas para investirlas
de luz, de verdades sorprendentes, de manera que al alma le sirven como la más bella
vestimenta y le suministran el buen alimento de la Vida Divina”.
(4) Después de esto seguía a mi dulce Jesús, pero estaba tan afligido y sufriente que daba
piedad, y yo le he dicho: “Dime amor mío, ¿qué tienes? ¿Por qué sufres tanto?” Y Jesús ha
agregado:
(5) “Hija mía, sufro por el gran dolor de mi Voluntad. Mi Humanidad sufrió, tuvo su cruz, pero
su vida fue breve sobre la tierra, en cambio la Vida de mi Voluntad ha sido muy prolongada en
medio de las criaturas, son ya seis mil años y durará aún más, y ¿sabes tú quién es la cruz
continuada de Ella? La voluntad humana, y cada acto de ella opuesto a la Suya, y cada acto de
la mía que no recibe, es una cruz que forma a mi Eterno Querer, por lo tanto las cruces de Él
son innumerables. Si tú observas toda la Creación la encontrarás toda llena de cruces formadas
por el querer humano. Mira el sol, mi Divino Querer lleva su luz a las criaturas, y ellas toman su
luz y no reconocen a quien les lleva esta luz, y mi Querer recibe en el sol tantas cruces por
cuantas criaturas no lo reconocen, y mientras gozan esta luz se sirven de la misma luz para
ofender a aquel Querer Divino que las ilumina, ¡oh! cómo es duro y doloroso hacer el bien y no
35 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta
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