(2) “Hija mía, caliéntalo con tus afectos, porque mi Hijo nació en extrema pobreza, en total
abandono de los hombres y en suma mortificación”.
(3) ¡Oh, cómo era agradable con su celestial belleza! Lo he tomado entre mis brazos y me lo
he estrechado para calentarlo, porque estaba casi entumecido por el frío, no teniendo otra cosa
que lo cubriera que un sólo pañal. Después de haberlo calentado por cuanto he podido, mi tierno
Niñito, entreabriendo sus purpúreos labios me ha dicho:
(4) “¿Me prometes tú ser siempre víctima por amor mío, como Yo lo soy por amor tuyo?”
(5) Y yo: “Sí tesorito mío, te lo prometo”.
(6) Y Él: “No estoy contento sólo con las palabras, quiero un juramento y también una firma
con tu sangre”.
(7) Y yo: “Si quiere la obediencia lo haré”.
(8) Él parecía todo contento, y ha agregado:
(9) “Mi corazón desde que nací lo tuve siempre ofrecido en sacrificio para glorificar al Padre,
para la conversión de los pecadores y por las personas que me rodeaban y que más me fueron
fieles compañeros en mis penas. Así quiero que tu corazón esté en continua actitud, ofrecido en
espíritu de sacrificio por estos tres fines”.
(10) Mientras esto decía, la Reina Mamá quería al Niño para alimentarlo con su leche
dulcísima. Se lo he devuelto y Ella sacó su pecho para ponerlo en la boca del Divino Niño, y yo
astuta, queriendo hacer una broma, he puesto mi boca para chupar, he sacado pocas gotas, y
en el momento de hacer esto han desaparecido, dejándome contenta y descontenta.
(11) Sea todo para gloria de Dios y para confusión de esta miserable pecadora.
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3-21
Diciembre 27, 1899
La caridad debe ser como un manto que debe cubrir las acciones.
(1) Jesús continúa haciéndose ver como sombra y como rayo. Mientras me encontraba en un
mar de amargura por su ausencia, en un instante se ha hecho ver diciéndome:
(2) “La caridad debe ser como un manto que debe cubrir todas tus acciones, de modo que
todo debe relucir de perfecta caridad. ¿Qué significa ese disgustarte cuando no sufres? Que tu
caridad no es perfecta, porque el sufrir por amor mío y el no sufrir por mi amor, sin tu voluntad,
todo es lo mismo”.
(3) Y ha desaparecido dejándome más amargada que antes, queriendo tocar una nota muy
delicada para mí, y que Él mismo me ha infundido. Entonces después de haber derramado
amargas lágrimas en mi estado miserable, y por la ausencia de mi adorable Jesús, ha regresado
y me ha dicho:
(4) “Con las almas justas me porto con justicia, más bien las recompenso duplicadamente por
su justicia, favoreciéndolas con las gracias más grandes y con hablarles con palabras justas y
de santidad”.
(5) Sin embargo yo me encontraba tan confundida y mala, que no me atrevía a decir una sola
palabra, es más, continuaba vertiendo lágrimas sobre mi miseria. Y Jesús queriéndome infundir
confianza ha puesto su mano bajo mi cabeza para levantarla, porque no la sostenía, y ha
agregado:
(6) “No temas, Yo soy el escudo de los atribulados”.
(7) Y ha desaparecido.
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