tanto por algunos días que me priva de Él, ¿qué pudo ser de mi Mamá?” Mientras esto pensaba
mi adorado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(6) “Hija mía, los dos sufrimos al separarnos, pero nuestro dolor fue sufrido en modo divino, no
humano, y por eso no se separa ni de la felicidad, ni de la paz imperturbable. Feliz partí al
desierto, feliz quedó la Alteza de mi Mamá Celestial, porque el dolor sufrido al modo divino no
tiene virtud de ensombrecer mínimamente la divina felicidad, que contiene mares de alegría y
de paz interminable, son como las gotitas de agua en el inmenso mar los dolores sufridos al
modo divino, que la fuerza de las olas tienen virtud de cambiarlos en felicidad. El dolor sufrido
en modo humano tiene virtud de despedazar la verdadera felicidad y de turbar la paz, el modo
divino jamás. Mucho más que mi Mamá Reina poseía el Sol de mi Voluntad por gracia y Yo lo
poseía por naturaleza, así que el Sol quedó en Ella y quedó en Mí, pero los rayos no se
separaron porque la luz es inseparable, por eso en la misma luz Ella quedó en Mí y seguía mis
actos, y Yo quedé en Ella como su centro de vida. Por tanto la separación mientras fue
verdadera, pero fue aparente; en sustancia estábamos fundidos juntos e inseparables, porque
la luz de la Divina Voluntad ponía en común nuestros actos como si fueran uno solo. Y después
Yo fui al desierto para llamar de nuevo a mi misma Voluntad Divina, que por cuarenta siglos las
criaturas habían desterrado de en medio de ellas, y Yo por cuarenta días quise estarme solo,
para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana en los cuales la mía no había poseído su
reino en medio a la familia humana, y con mi misma Voluntad Divina la quise llamar de nuevo
en medio a ellos para hacer que reinara. Al regresar del desierto la deposité en mi Mamá con
todos los actos de Voluntad Divina que las criaturas habían rechazado y tenido como en el
desierto, a fin de que fuera Ella la fiel depositaria, la reparadora y la imploradora del Reino de
mi Voluntad. Sólo la Soberana Señora podía poseer este depósito tan grande, porque poseía
en Sí la misma Voluntad Divina en la cual se podía contener la misma Voluntad desterrada por
la criatura. ¿Cómo podíamos ocuparnos de nuestro dolor de separarnos por cuarenta días,
cuando se trataba de reintegrar, de llamar de nuevo a nuestra Divina Voluntad a reinar en medio
a las criaturas? En nuestro dolor éramos más que felices porque queríamos poner a salvo el
Reino del Fiat Supremo, y la Celestial Reina estaba esperando con ansias mi regreso para recibir
el depósito del nuevo sol, para corresponder con su amor todos sus actos que la ingratitud
humana había rechazado. Ella hizo de verdadera Mamá a mi Divina Voluntad, haciendo al
mismo tiempo de verdadera Madre a las criaturas, implorando para todos la vida, la felicidad, la
alegría de poseer el Reino del Eterno Fiat.
(7) Hija mía, el número de cuarenta días de mi vida aquí abajo es simbólico y significativo.
Cuarenta días desde que nací quise estar en la gruta de Belén, símbolo de mi Voluntad Divina
que mientras estaba en medio de las criaturas, estaba como escondida y fuera de la ciudad de
sus almas, y Yo para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana, quise estar por cuarenta
días fuera de la ciudad en una vil choza a llorar, gemir y orar, para llamar de nuevo mi Voluntad
Divina a la ciudad de las almas para darle su dominio, y después de cuarenta días salí para
presentarme al templo y revelarme al santo anciano Simeón; era la primera ciudad que llamaba
al conocimiento de mi Reino, y fue tanta su alegría que cerró los ojos a la tierra para abrirlos a
la eternidad. Cuarenta estuve en el desierto, y después, súbito hice mi vida pública para dar a
las criaturas los remedios y los medios para alcanzar el reino de mi Querer. Cuarenta días quise
estar sobre la tierra después de mi Resurrección para confirmar el reino del Fiat Divino y sus
cuarenta siglos de reino que debía poseer. Así que todo lo que Yo hice en este mundo, el primer
acto era el restablecimiento de Él, todas las otras cosas entraban en el orden secundario, pero
el primer anillo de conjunción entre Yo y las criaturas era el reino de mi Voluntad. Por eso
cuando se trata de Ella no ahorro nada, ni luz, ni sacrificios, ni manifestaciones, ni felicidad, son
mares que pongo fuera de Mí para hacerla conocer, reinar y amar”.
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1404 sig