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Septiembre 14, 1927
Cómo Dios es celoso de los actos que se hacen en la Divina
Voluntad. La Gracia es la Vida bilocada de Dios en el alma.
Nuestro Señor llama al alma a seguir sus actos.
(1) Estaba toda abandonada en el Fiat Divino y en Él hacía mis actos, y ante mi mente se
formaba un mar interminable, y yo dentro de aquel mar formaba con mis actos mi pequeño mar,
como si el agua se profundizara más en lo bajo, se agrandaba elevándose alrededor como cerco
para darme espacio para poner mis actos en medio de él, para hacerme formar dentro del mismo
mar mi pequeño mar. Yo he quedado sorprendida al ver que aquel mar, mientras parecía de
agua era de luz, sus olas altísimas formaban el encanto más bello, el murmullo más dulce y
suave que música. Y mi dulce Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que obra en mi Divina Voluntad obra en Dios mismo, y en Él mismo
quedan sus actos. El mar que tu ves es el Ser Supremo, que celoso de todo lo que se puede
hacer de santo en mi Querer, extiende el mar interminable de su Ser en torno al alma para recibir
los actos de ella, y dentro de Él mismo los deja como pequeño mar del alma de los actos que
ha hecho en su Divina Voluntad. Es tal y tanta nuestra complacencia y nuestro amor por quien
vive en nuestro Querer Divino, que conforme la vemos obrar nos abajamos a ella haciéndonos
cerco alrededor para hacerla obrar dentro de Nosotros, y ella se eleva hasta Nosotros y sus
actos toman puesto junto a nuestros actos, felicitándonos y glorificándonos como nos felicitamos
y glorificamos Nosotros mismos”.
(3) Después de esto seguía la Divina Voluntad en todo lo que ha hecho en la Creación, para
después seguir aquellos de la Redención, y mi adorado Jesús me hacía presente lo que había
hecho al venir a la tierra, y yo lo seguía paso a paso, y siguiendo su infancia en el acto cuando
lloraba y chupaba la leche en los brazos de la Soberana Reina le decía: “Cariño mío, quiero
investir tus lágrimas con mi te amo, para rogarte en cada lágrima tuya el Reino de tu Voluntad
Divina, y en cada gota de leche que te da nuestra Mamá Celestial quiero hacer correr mi te amo,
a fin de que si Ella te nutre con su leche, yo te nutro con mi amor, para pedirte en cada gotita de
leche que tú tomas el Reino de tu Fiat Divino”. Y después decía a mi Mamá: “Di junto conmigo,
quiero el reino de tu Querer en cada gotita de leche que te doy, en cada lágrima tuya y vagido,
en cada beso mío que imprimo sobre tu bello rostro gracioso”. Dicho por Ti, ¡Jesús dará su
reino! Y la Soberana Señora me contentaba al decirlo junto conmigo, y mi dulce Jesús me ha
dicho:
(4) “Hija mía, en cada acto que hacía por Mí mi Mamá Celestial, que eran de continuo, Yo la
correspondía con un grado de Gracia, porque Yo no me dejo ni vencer ni superar por los actos
de la criatura, soy el Insuperable y por eso si mi querida Mamá me daba amor, actos, pasos,
palabras, Yo le daba en cada grado de Gracia una Vida Divina, porque la Gracia no es otra cosa
que la Vida bilocada de Dios que se da a las criaturas, por eso, qué gran diferencia entre un acto
que puede dar la criatura y una Vida Divina que da Dios a cada acto de ellas. Por eso la Reina
del Cielo era riquísima, con tantas Vidas Divinas que recibía a cada instante, y Ella se servía de
estas Vidas Divinas para cortejar, honrar, amar con Vidas Divinas a su Hijo, su Jesús, su Todo.
(5) Ahora tú debes saber el por qué te llamo y te hago presente todo aquello que Yo hice en
mi Vida estando sobre la tierra, haciéndote ver ahora que lloro y tiemblo de frío, ahora que estoy
en los brazos de mi Mamá repitiendo aquellos actos infantiles de chupar la leche, de bañar sus
manos maternas con mi llanto, de besarnos, y así de todo lo demás, es porque quiero tus actos,
tu amor, junto con los de mi Madre, y que todos mis actos sean seguidos por tus actos para
darte también a ti tantos grados de Gracia por cuantos actos me hagas, y esto por decoro, honor
y cortejo de mi Voluntad que quiere formar su Reino en ti. Ella no es menos que mi Humanidad,
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