también como al agua que comunica sus efectos a la tierra, pero no la fuente de su vida; tan
cierto que cuando no llueve la tierra queda seca y no tiene fuerza para producir un hilo de hierba.
Y por eso la tierra no poseyendo ni la vida del sol, ni la del agua, tiene necesidad de que el sol
comunique sus efectos diariamente, y que el agua frecuentemente la bañe para conservarse y
poder producir. Así sucede para los actos de mi Querer Divino, Él quiere darse a fin de que la
criatura se vuelva sol para poder formar su Vida, y no encontrando su Voluntad, en su dolor,
llevado por los excesos de su bondad, comunica sus efectos que sirven para conservar el objeto
de sus dolores. Ninguno puede decirte qué valor, qué potencia, qué santidad, luz e inmensidad
contiene un acto de mi Fiat Divino sino tu Jesús, y sólo quien posee un Querer Divino puede
contener los actos de Él, por eso sólo el Fiat puede elevar a la criatura a la Santidad y nobleza
Divina que da la semejanza de su Creador; todos los demás, por cuan buenos y alabados por
habilidad, ingenio, doctrina, actividad, quedarán siempre como tierra que, no poseyendo ni
fuente de luz, ni de agua, les serán dados como a pobres mendigos los efectos de mi Supremo
Querer”.
+ + + +
22-23
Septiembre 3, 1927
Hasta en tanto que el alma no haga reinar a la Voluntad
Divina, será siempre infeliz y estará inquieta. Diversidad
de martirio de alma y de cuerpo.
(1) Estaba navegando el mar de luz del Fiat Divino siguiendo sus actos, y ¡oh! cómo
comprendía que todo el bien estaba en Él. Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, hasta que la criatura no haga reinar mi Divina Voluntad en ella, será siempre
infeliz, siempre inquieta, porque sentirá en sí, por cuan buena sea, santa, docta, rica, que le falta
la plenitud de la felicidad y el mar de la paz, con los cuales por ningún lado la pueden turbar y
romper su felicidad. Por tanto podrá ser la felicidad a medias y dividida su paz, pero como no
es entera, la mitad que le falta tendrá el camino abierto para llevarle la infelicidad y la turbación.
Mira, también en el orden natural sucede así: Uno es rico no le falta nada, posee sus diez, veinte
millones o bien millares de millones, pero conociendo que podría adquirir otro y ser más rico
todavía, se siente inquieto, infeliz, y poniendo como de lado sus riquezas es todo pies, todo
obras, todo palabras, todo ojo a las otras riquezas que quisiera adquirir. Pobrecito, ¿cómo puede
ser feliz, pacífico, si le falta la fuente de los bienes que le diga: ‘Repósate, todo es tuyo y todo
lo que quieres está en tu poder’? Otro es rey, pero cuánta infelicidad bajo aquella corona:
Temores de poder perder su reino, esperanzas y avidez por adquirir otros reinos, de dominar a
costa de guerras sobre todo el mundo; así que el poseer un reino no es otra cosa que un camino
abierto para volver infeliz e inquieto al pobre rey. Un tercero es docto, pero no poseyendo todas
las ciencias, sabiendo que puede poseer otras ciencias, no descansa, ni se siente feliz y pacífico,
¿cuántas veces delante de otro más erudito que él se siente humillado y siente la infelicidad
porque le falta la plenitud de la ciencia? Así sucede en el orden sobrenatural: Aquél tal es
bueno, pero no siente en sí que posea la fuente de la bondad, porque siente que ante algunas
circunstancias su paciencia es débil, su firmeza en el bien es intermitente, su caridad
frecuentemente claudica, su oración es inconstante. Esto lo hace infeliz, inquieto, porque ve
que su bondad no es entera, está como a la mitad, y ve que la otra mitad que le falta sirve para
torturarlo y para hacerlo infeliz. Pobrecito, cómo se ve claro que le falta el reino de mi Divina
Voluntad, porque si reinara en él poseería la fuente de la bondad que le diría: ‘Repósate, todo
1400 sig