cual mi Humanidad tuvo su campo de acción en ti y por eso estaba siempre contigo y en ti, y mi
Divino Querer me hizo hacer esto a fin de que te preparara a recibir el campo de acción más
extenso del Fiat interminable, y Yo debo dejarlo hacer. Mucho más que no me impide estarme
contigo porque somos inseparables, y Yo estando en ti me deleito de atar tu alma como un
pequeño pajarito con el hilo de luz de mi Querer, y te doy el vuelo en la inmensidad de Él
arrojándote en sus actos innumerables, permaneciendo el hilo que te tiene atada en mis manos,
y tú alejándote en sus actos me pierdes de vista y Yo estoy esperando que tu sigas todos los
actos de mi Divina Voluntad para tirar el hilo que está dentro de ti. Tú primero no seguías todos
los actos de Ella, seguías el pequeño cerco de los actos de mi Humanidad, pequeño en
comparación con aquellos de mi Querer Divino, y por eso cada acto tuyo, cada pena, te hacía
encontrar a tu Jesús, y Yo estaba todo atento para hacerte copiar mi Humanidad, por eso era
necesario que Yo estuviera con el pincel en la mano para formar en ti mi imagen, para disponer
la tela de tu alma a recibir los vivos colores impregnados en la luz de mi Fiat Divino; por eso lo
que era necesario antes no es necesario ahora, pero esto no quiere decir que Yo no estoy
contigo. Vivimos juntos en el eclipse de la luz de una Voluntad eterna, y es tanta su luz, que
nos eclipsa y hace que no nos veamos, tanto que si se modera la luz, Yo te veo a ti y tú me ves
a Mí y nos encontramos como si jamás nos hubiéramos separado”.
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22-21
Agosto 25, 1927
Relaciones entre los sarmientos y la vid.
El alma, depositaria de la Divina Voluntad.
(1) Mientras rezaba me he encontrado fuera de mi misma y entre mis brazos a mi dulce Jesús,
y yo estrechándolo fuerte a mi corazón le he dicho: “Dime Amor mío, ¿cuáles son las relaciones
entre Tú y yo?” Y Jesús todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saberlo? Las relaciones que hay entre Yo y tú son como las relaciones
que hay entre los sarmientos y la vid. La vid forma los sarmientos, ellos reciben los humores
vitales para vegetar de la vid, para vestirse de follaje y de uvas. Así que entre la vid y los
sarmientos hay tal unión, que los sarmientos no pueden ni formarse ni tener vida sin ella, y la
vid no haría ninguna figura, ni ostentación de sí, ni daría fruto sin los sarmientos. Por eso la una
y el otro tienen tales relaciones entre ellos, tales vínculos de unión, que forman la misma vida y
son inseparables entre ellos. Y si se separan, la vid queda estéril, sin ostentación y sin fruto, y
los sarmientos pierden la vida y se secan. Ahora, la vid es tu Jesús, el sarmiento eres tú, las
relaciones entre Yo y tú son inseparables. Una es la sangre que circula en nuestras venas, una
la Voluntad, uno el latido, y Yo formo tu vida y tú formas mi gloria y mi fruto. Y Yo me deleito al
reposarme a la sombra de los densos pámpanos de tu sarmiento y de cosechar la uva de mi vid
y de saborearlas a mi gusto”.
(3) Y yo: Pero dime aún Vida mía, y tu Voluntad, ¿cómo está en mi? Y Jesús ha continuado
con una dulzura indecible:
(4) “Hija mía, mi Voluntad está en ti como depositaria de todos sus actos, porque mi Voluntad
cuando hace un acto no lo pone fuera de Ella, faltaría el espacio, la decencia, la santidad y todo
lo que conviene para conservar sus actos, por eso no puede ponerlos en otra parte sino en Sí
misma. ¿Quién puede tener el espacio de recibir todo el cielo con sus estrellas? ¿El sol con la
largura de su luz, el mar con la vastedad de sus aguas, la tierra con la multiplicidad de sus
plantas? Ninguno. Por eso para poder depositar sus actos se necesita mi misma Voluntad
Divina. Ahora, estando Ella en ti, de todos sus actos hace el depósito en ti, porque en su Fiat
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